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La primera gran fecha histórica del deporte nacional fue grabada en nuestras mentes y corazones por Alexis Argüello: 23 de noviembre de 1974. Esa tarde, en el Forum de Inglewood, California, el explosivo flaco pinolero conquistó el cinturón mundial Pluma, arrebatándoselo espectacularmente a Rubén Olivares.

¿Cuántas cuartillas he escrito sobre esa pelea? No lo sé. Es algo difícil de contabilizar, y pese al paso del tiempo la emoción sigue igual, sacudiéndome como palmera en un huracán.

¿Cuántos golpes lancé estando en pie frente a mi butaca de ring side, mientras Alexis atacaba furiosamente a Olivares en ese round 13 que nunca olvidaremos? Tampoco lo sé, pero terminé agotado. Estoy seguro de que por lo menos uno de ellos llegó hasta Rubén.

Nicaragua entera frente a las pantallas estaba tratando de ayudarle al “Flaco”, mientras la resistencia del imprudente Olivares se derretía como barra de mantequilla en una paila caliente.

Acabo de terminar el libro “El ídolo no muere”, un trabajo de 30 capítulos en 300 páginas que será presentado el 9 de
diciembre.

En la parte estrictamente deportiva, me sujeto a lo que he escrito desde 1970, aplicando variantes, y en la parte humana realizo una entrega muy llamativa.

Capítulos como “Me caso, luego existo”, abordando sus cinco relaciones sentimentales; “Te quiero papá”, sobre lo que él pensaba acerca de sus hijos y lo que algunos de ellos consideraban sobre su padre; “Amistad divino tesoro”, producto de una larga plática durante noche y amanecer, con Donald Rodríguez y Renzo Bagnariol; “El factor Román”, una entrevista con su manejador en la Laguna de Apoyo; “Del caballo a la Alcaldía”, abordando su presencia en lo político con las diferentes aristas; “Propuesta rechazada”, sobre el viaje que hice a Caracas para ofrecerle el regreso de sus propiedades; “Muchacho loco”, con apuntes de su relación con los cronistas deportivos, entre ellos otro ícono de nuestro deporte como es Sucre Frech, dueño de esa frase; “¿Cómo lo veían?” con opiniones de Oscar de la Hoya, Pryor, Tyson, “El Cuyo” y muchos más, fueron elaborados con la rigurosidad que exige la objetividad.

El libro, con prólogo del doctor Sergio Ramírez, y una introducción del doctor Guillermo Rothschuh hijo, comienza con su fallecimiento y la repercusión provocada, con el título “¿Por qué lo hizo?”, y continúa con la idolatría, su escalada fantástica, el impacto de la derrota con Marcel, la conquista de cada una de las tres coronas; el drama con Pryor, sus defensas, sus caídas, la discusión sobre su mejor pelea, el enfoque sobre sus entrenadores, esa característica como destructor, aquel retiro tan sonado y el regreso a casa, más la polémica reactivación con el impulso de Pedro Solórzano.

Obviamente está su ingreso al Salón de la Fama, la batalla con la adicción, los riesgos atravesados, su valoración entre los peleadores latinos, su récord completo, y por supuesto el “!Gracias Flaco!”.

Pensé tenerlo listo para hoy, y aunque está terminado, atrapado por el tiempo fue necesario esperar unos días más. No importa, quedó muy bien, y su presentación podría ser en el Auditorio Xavier Gorostiaga, de la UCA, con apoyo del Instituto de Cultura Hispánica.


dplay@ibw.com.ni