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Ni Mourinho es un genio de la estrategia, ni el Real Madrid es tan inmenso como parecía. Eso sí, el Barcelona es un equipo fantasioso, capaz de provocar un deslumbramiento cegador, como lo demostró edificando esa mortificante goleada por 5-0, desnudando al rival, atándolo de pies y manos, y ridiculizando el poder de la imaginación.

Como jugaron Xavi, Messi, Iniesta, y el resto de la tropa de Guardiola, dieron la impresión de haberse escapado del Bolshoi, ese fantástico ballet ruso. El realismo mágico de García Márquez, fue graficado por las maniobras del impresionante Barcelona en la cancha del Campo Nuevo con el Madrid deshilachado.

“Jugamos mal, muy mal”, dijo Mourinho entre los escombros, como si fuera un asunto de antojo, no consecuencia de la forma de apretar tuercas de un adversario, firme, seguro, iluminado y agobiante, como lo fue éste Barsa casi todo el tiempo. “Es la mayor derrota de mi carrera, no una humillación”, agregó, sin creérselo.

Guardiola no quiso sacar más sangre del “Monstruo” herido y expresó: “No somos mejores que ellos, sólo distintos y hoy funcionamos eficazmente. Este resultado no entraba en mis cálculos, pero sucedió, es un hecho. Tengo que estar satisfecho con el equipo”.

¿Quién iba a pensar que a los 18 minutos, el Barsa estaría en ventaja 2-0, sin lamentar la magistral cachetada de Messi a los 7, que rebotó en travesaño y poste, con Casillas doblegado?
El gol de Xavi entrando con rapidez y precisión para interceptar esa entrega de Iniesta desde la izquierda, y realizar un remate cariñoso y mortífero frente a la nariz de Iker, adelantando al Barsa 1-0 en el minuto 10, fue un trabajo de geometría pura; lo mismo que la penetración de Villa por la izquierda, el desequilibrio a Sergio Ramos, su centro rasante que manotea Casillas y el ingreso de Pedro empujando el balón a las redes para el 2-0 a los 18.

¡Diablos! ¿Cómo desactivar a este Barcelona tan inspirado, con un 70% de posesión del balón, capaz de tejer constantemente más de una docena de pases, conseguir desmarques y fabricar escapes? Ayer, eso era una Misión Imposible, lo que explica por qué el Madrid perdió la cabeza repetidamente ante su inutilidad por hacer algo, y cuando se le presentaron dos oportunidades, salvó Valdés.

Esos dos pases de Messi a Villa, para el tercero y cuarto gol en los minutos 55 y 57, “amortajaron” las esperanzas del Madrid; y el gol del recién ingresado Jeffren, recibiendo de Bojan desde la derecha --todos con Iker liberado de culpa--, sellaron una actuación cumbre del Barcelona, ahora líder con 34 puntos por 32 del Real, cinco goles anotados más y tres menos en contra.

¿Qué es lo que vimos? ¿No era éste el Clásico más equilibrado y difícil de vaticinar de los últimos años? ¿Qué pasó con el plan Mourinho? ¿Alguien vio por la cancha a Cristiano Ronaldo?
Cuando el partido estaba por terminar, los del Madrid claramente superados en todo, en lugar de sentarse para ovacionar al deslumbrante Barsa, agrietaron el espectáculo con acciones peligrosas.

Tarjeta roja para el equipo blanco., que se vio ciego, caminando sin rumbo, tropezando constantemente y deambulando como un sonámbulo.