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Tranquilos, Derek Jeter seguirá siendo un yanqui. ¿No era eso lo que queríamos? Por supuesto, y lo mejor es que fue producto de una negociación en la que las dos partes cedieron, algo que el danielismo en su soberbia, se hace el que no entiende, sin importarle presente y futuro de Nicaragua.

El sentido práctico es muy útil, y aunque no lo es todo como argumentaba el ganador del Nobel, José Saramago, fue adecuadamente aplicado por Jeter y los Yanquis. Descartados los más de 20 millones que el pelotero pretendía por cuatro o cinco años más, obtuvo una cifra muy importante, 17 millones por cada una de las temporadas de 2011, 2012 y 2013, agregando una opción, propuesta imposible para cualquiera de los otros 29 equipos de las mayores, cuando estás por cumplir 37 años y has comenzado a enviar señales de deterioro en tus facultades.

Así que, el gran infield se conserva con Rodríguez en tercera, Jeter en el short, Canó en segunda y Teixeira en primera, quedando pendiente un cátcher que reemplace a Jorge Posada, quien ya no es el de antes y se ve muy vulnerable defensivamente.

El factor clave fue el interés de las dos partes por concretar el arreglo. Los Yanquis que soltaron a Babe Ruth cuando su nivel de rendimiento decreció, pese a todo lo que había significado para el equipo, mantuvieron a Lou Gehrig, pero no pagándole lo que merecía, y recortaron el salario de Mickey Mantle cuando tantas lesiones afectaron su explosividad y no pudo volver a ganar una triple corona.

Aquellos Yanquis hubieran soltado a este Jeter, pero como dice el famoso columnista George Vecsey, “hay vida después de los Yanquis”, y aunque Bernie Williams, dejado en libertad a los 37 años, no intentó comprobarlo, Jeter obviamente iba a continuar con otro uniforme.

Al caer el telón en 1981, cuando Reggie Jackson mostró flaqueza reducido a 94 juegos, los Yanquis lo vieron salir hacia los Angelinos y registrar su última temporada grande en 1982. Después, rindió por debajo de las expectativas. Es decir que Jeter se convierte en un riesgo para los del Bronx, y al mismo tiempo, el nuevo contrato supone un reto para él, como lo es demostrar que vale lo que cobra, o por lo menos, se aproxima.

La garantía de verlo batear el hit 3000 como un yanqui alrededor de junio o julio, es una de las grandes atracciones que ofrecerá la gerencia del equipo a sus aficionados más interesados en comprobar que el guante de oro concedido a Jeter este año, no fue un error de apreciación, y que su bate puede elevar nuevamente su porcentaje a los 300 puntos.

Lo interesante de la negociación, es que lo emotivo, lo humano y el agradecimiento de doble vía, factores raramente vinculados con lo empresarial, prevalecieron en este arreglo que nos permitirá seguir viendo a Jeter como un yanqui, haciéndonos recordar a Cal Ripken –quien desde los 36 años fue decreciendo en rendimiento y salud- como un oriol.

dplay@ibw.com.ni