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Cuando uno reconoce a un amigo siempre hay algo de nosotros que quiere ser como él. Por lo tanto es un privilegio pretender escribir este reconocimiento a una obra que prevalecerá por siempre.

En El ídolo no muere, su inspirado escritor se agiganta con su recia pluma para presentarnos a un Alexis Argüello que brilla, que toca tierra; el ídolo endemoniado y el humano impotente. Edgar Tijerino nos despierta las viejas emociones de un pequeño hombre que se hizo grande entre luces y caminó por las sombras en su tragedia.

Como una brisa que acaricia nuestra memoria hambrienta por revivir las hazañas de un Flaco Explosivo, de una leyenda deportiva, de un poderoso atleta, de un mortal sin paz, Edgar nos sumerge en su magia literaria para hacerse uno con él.

Un libro que se hizo con un ojo soñando y el otro imaginando. Un libro perecedero para esta historia deportiva tan escasa de grandeza. Atrapante, que te ilusiona con su crónica vigente, atemporal, donde uno siente que puede revivir la vida de un verdadero fenómeno.

Con el talento de siempre, Tijerino captura al Alexis de todos los tiempos, pero de la misma forma nos muestra el barro con que fue construido.

No desfigura al ídolo ni lo maquilla como a un dios. El boxeador y el escritor fueron juntos por un destino de grandeza y eternidad. En sus páginas podemos apreciar como su autor se desvela por reflejarlo con equilibrio, entre vítores y lágrimas. Entre el barro y la eternidad. Edgar sugiere que su historia como periodista no pudo haberse inspirado mejor sin la existencia de un Alexis, pero todos sabemos que se revolucionó para sí mismo en el periodismo deportivo, atreviéndose donde otros ni intentaron. Siempre nos sorprende sacando un golpe de la nada.

No es una biografía perfecta, pero es una vida. Pienso que sólo escrita de esta forma podría ambientar la verdadera grandeza de Argüello. En cada capítulo se puede sentir a un Tijerino estrellando su dedo inteligente con placer y libertad. Su granero de palabras bailan como hechizadas por el momento que vuelve, una y otra vez.

James Dean dijo un día que había que soñar como si fueras a vivir para siempre y vivir como si fuese tu último día. Este es un libro para leerlo siempre como si fuera el último día. Saltando de la guerra de las Termópilas hasta la poesía de Píndaro. ¿Verdad Edgar?
En El ídolo no muere, atleta y cronista se ven en su verdadera dimensión. La figura que el pueblo aplaude y el periodista que ha vivido una vida honesta, apasionando, construyendo, sacrificando mucho. Como leyenda, algo de Alexis hay en Edgar.

Tijerino nos dice que un día sin reír es un día sin vivir. Me imagino que hoy su sonrisa es más grande. Esculpió el mármol de Argüello para convertirlo en el Alexis de carne y huesos.

El libro El ídolo no muere, se presenta el jueves a las 6 y 30 de la tarde en el Auditorio Xabier Gorostioga en la UCA. Antes, un video documental de Miguel Mendoza sobre Alexis.