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“Voy a traer a Bob Feller y Joe DiMaggio”, me dijo Carlos García hace 38 años en aquel 1970 que marcó el resurgimiento de nuestro béisbol. Teníamos poco de conocernos porque yo comenzaba atrevidamente mi incursión en la crónica deportiva con 26 años. Obviamente, no le creí. ¿Dos miembros del Salón de la Fama aquí, para inaugurar un torneo de pantalones cortos? No, no era posible.

“Y vendrá también el Comisionado Bowie Kühn”, agregó Carlos, golpeando mi incredulidad en la mandíbula. ¡Diablos! pensé, este tipo bromea con una imaginación que no tiene límites.

Carlos García había derrotado a Gustavo Fernández por la Presidencia de Feniba después de una tormentosa controversia. Cuando tomó las riendas, de inmediato puso en marcha un proyecto restaurador de nuestra pelota amateur, oculta debajo del colchón por el impulso que adquirió el béisbol profesional. Así que volvió la fiebre con elemento casero.

Y llegó el momento. Ciertamente, ahí estaban los “dinosaurios” que Carlos había anunciado. Yo seguía sin poderlo creer. Estadio casi lleno con Bob Feller en la colina, Joe DiMaggio en el cajón de bateo, y este prójimo en el terreno de juego, previo a ese primer lanzamiento. Cuánta emoción estar junto a esos dos grandiosos peloteros, el pitcher que era capaz de atravesar paredes imponiendo temor fusilando adversarios, y el bateador que con su swing, podía acertarle a un zancudo viniendo hacia el plato y empujarlo hacia cualquier rincón.

Fallecidos DiMaggio y Kühn, Bob Feller murió ayer a los 92 años.

¡Qué pitcher más grandioso! Enviaba humo hacia el plato, tan es así, que en un reciente ranking de lanza meteoros, fue instalado como número tres, detrás de Satchel Paige y Nolan Ryan, en medio de encendidas discusiones. Se asegura que realizó disparos hasta de 106 millas por hora.

No alcanzó la cifra gloriosa de 300 victorias, porque después de tres temporadas consecutivas con el asombroso ritmo de 24, 27 y 25 triunfos, se incorporó a la Marina de Guerra permaneciendo en servicio militar por casi cuatro años, regresando con sólo 9 aperturas en el cierre de 1945, ganando 5 juegos. De manera que Feller, único pitcher con un “no hitter” en jornada inaugural, lanzando por los Indios frente a los Medias Blancas el 16 de abril de 1940 se tuvo que conformar con 266 triunfos por 162 reveses.

Problemas en el brazo lo limitaron a 5 y 9 victorias en 1936 y 1937, iniciando su carrera a los 17 años, antes de saltar a 18 éxitos en 1938 y convertirse en ganador de 20 juegos con apenas 20 años en 1939. ¿Qué les parece ese impulso?

Con seis temporadas de 20 triunfos, tres juegos sin hit ni carrera, doce de sólo un hit, Feller, quien trabajó hasta 1956, todo el tiempo con los Indios de Cleveland, entró al Salón de la Fama en su primer intento durante 1962. Su nombre apareció en 150 de 160 boletas, acompañando a Jackie Robinson.

Yo lo vi hacer un lanzamiento aquí, en 1970. Carlos García tiene que acordarse. Él lo trajo.