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¡Cómo ha crecido el grado de dificultad para derribar marcas en el béisbol! Tan es así, que ha sido necesario recurrir a la utilización de “recursos” ilícitos para poder seguir provocando asombro.

Ahí están Barry Bonds y Roger Clemens, dos de los peloteros más grandiosos de todos los tiempos, sentados en el banquillo de los acusados, afectados por haberse involucrado en un juego de sombras.

Los 73 jonrones conectados por Bonds en una temporada, su total de 762 saltando sobre Hank Aaron y sus siete premios como Más Valioso de la Liga Nacional, podrían haberlo impulsado sin los esteroides, a una escogencia unánime para entrar a Cooperstown.

Clemens, el impresionante “Rocket”, un ganador de 354 juegos y 4,672 ponches, con siete premios Cy Young y un Más Valioso, era otra posibilidad de selección unánime, pero la vio desvanecerse como Bonds.

Hoy, todo es más difícil. El perfeccionamiento de los sistemas de entrenamientos en las diferentes funciones; el manejo pormenorizado de la información con los reportes de scouteo y la observación propia: el estudio de los vídeos y gráficos; las modificaciones musculares conseguidas en los gigantescos gimnasios y súper acondicionados que tiene cada estadio; el constante e inagotable pulimento de los recursos técnicos; y en medio de la desesperación por seguir hacia adelante y responder a las exigencias del espectáculo, el uso discrecional o no de esteroides.

El duelo de habilidades ha sido, desde siempre, la gran atracción del juego. ¿Qué va a ocurrir una vez que la pelota salga de la mano del pitcher? Sin esteroides, en otro tipo de béisbol, beneficiado por la bola muerta, Cy Young ganó 511 juegos. Cualquier pitcher de hoy, sin exagerar, necesitaría atravesar por dos vidas para superar ese registro.

Pensar que calificamos como misión imposible, la aparición de un artillero que llegara a conectar más de 61 jonrones en una temporada, superando a Roger Maris. Es por eso que cuando Mark McGwire se voló la cerca 70 veces en 1998 superando a Sammy Sosa, pensamos que esa cifra debería de ser grabada en el techo de la Capilla Sixtina, pero pronto, Barry Bonds descargó 73 y agrietó bruscamente el asombro que fabricó “Big Mac”.

Tratemos de elaborar un ranking de marcas no contaminadas por los esteroides, es decir, sin Bonds ni Clemens, atravesando por todos los riesgos que esa tarea implica, con una advertencia, no reparen en el orden.

1)- LA RACHA DE JOE.- Hace unos años, un panel de expertos llegó a la conclusión de que la marca más difícil de ser derribada es la racha de 56 juegos bateando de hit lograda por Joe DiMaggio en 1941. La explicación es sencilla: se trata de batear de hit todos los días, con una efectividad inalterable. Bonds y McGwire podían pasar varios juegos sin jonronear, incluso entrar y salir de un slump, y aún así, establecer marcas, no como la de Joe. Consideren que lo más próximo ha sido la racha de 44 juegos de Pete Rose en 1978. Antes, en 1897, Willie Keeler de Baltimore, había alcanzado esa misma cifra, es decir, 12 juegos menos que Dimaggio. Una eternidad.

2)- LOS 511 DE CY YOUNG.-Cada temporada que se nos viene encima es más difícil ganar 20 juegos. Pedro Martínez ha obtenido tres premios Cy Young pero sólo presenta dos registros de 20 triunfos. En el béisbol actual, más exigente, con los relevistas tomando el escenario como figuras de primer nivel, Cy Young no hubiera podido llegar tan largo. Ganar 500 equivale a 25 temporadas de 20. ¿Se imaginan eso? Y todavía harían falta 12 triunfos para un nuevo récord. No, definitivamente, Cy Young puede descansar en paz. Primero se construirá una carretera de Nueva York a la Luna antes de ver otro ganador de 500.

3)- LOS 2,632 DE RIPKEN.- La marca de 2,130 juegos consecutivos sin fallar en los box scores de Lou Gehrig, parecía ser extraída de la mitología. Quizás Hércules o Teseo, de haber sido peloteros, la hubieran amenazado sin llegar a tumbarla. ¿Cómo fue posible que alguien permaneciera en los line-up por 2,130 juegos consecutivos? Bueno, a Gehrig se le conoció como el Caballo de Hierro. Pero apareció Cal Ripken en 1982 y comenzó una persecución silenciosa año tras año, hasta que se convirtió en una posibilidad viable atrapando la atención de medio mundo. Y continuó su ruidoso avance como una locomotora sin frenos hasta llegar a 2,632 juegos, dejando otro reto para las futuras generaciones.

4)- CHESBRO: 41 TRIUNFOS.-¿Cuántos sobrevivientes vieron lanzar a Jack Chesbro? En 1904, el derecho de los Yanquis que sólo se elevaba 5 pies 9 pulgadas sobre el piso y pesaba 180 libras, nada que ver con Randy Johnson, logró 41 victorias utilizando 51 aperturas y cuatro relevos... Su siguiente máxima cifra es de 28 victorias, y si consideramos que desde Denny McLain en 1968 no hemos visto un ganador de 30, la marca de Chesbro será tan durable como las Pirámides de Egipto.

5)- LOS 5,714 PONCHES DE RYAN.- Todo pitcher calificado como “macabro” se propone superar la barrera de los 3,000 ponches. No existe alguien pensando en los 5,000 y mucho menos en 714 más, como Nolan Ryan, “El meteoro” de Texas. Detrás de esos 5,714 ponches están los 4,672 de Clemens, a una distancia tan grande como la que existe entre Sidney y Montreal. Ryan hizo posible esa cifra con seis temporadas encima de los 300 ponches y 11 lideratos en ese casillero espeluznante durante sus 27 años de actividad. Esos 5,714 ponches en 5,386 innings, es uno de los más grandes alardes en materia de pitcheo.

6)- COBB: 12 CETROS DE BATEO.-Tony Gwynn se retiró después de obtener ocho títulos de bateo, en una actuación de fantasía. Ty Cobb alcanzó 12 cetros y agregó otra marca imposible: 23 temporadas consecutivas sobre los 300 puntos. Pero hay algo más con Cobb: él es dueño de una cifra récord que nos aturde: .367 puntos de por vida después de 24 temporadas en las Mayores. Antes de ver a otro bateador tan eficiente, es más probable un Presidente de tercer período en la Casa Blanca.

7)- ROSE: 4,256 HITS.-Por culpa de Pete Rose, Cobb no es más impresionante todavía. Su marca de 4,190 hits, calificada por largos años como imposible, fue derribada por un Rose súper-inspirado. El artillero que brilló intensamente con los Rojos, estableció la nueva marca con el uniforme de los Filis, y continuó hasta 4,256 imparables, cifra aparentemente fuera del alcance de cualquier mortal. ¿Quién será el próximo bateador de 4 mil hits? Amigos, hay que buscarlo en los Nintendo o en los Game Boy.

8)- SIETE NO HITTERS.-Regresemos con Nolan Ryan, quien nunca ganó un Cy Young, pero se aproximó a una escogencia unánime para entrar a Cooperstown. Él trabajó increíblemente, siete juegos sin hit ni carrera a punta de latigazos, dejando muy atrás a Koufax, con cuatro. Ustedes podrán especular sobre lo que hubiese podido hacer Koufax si no se retira antes de los 32 años, pero el hecho, testarudo, es que los 7 No Hitters de Ryan se ven del tamaño de una montaña. Grandes pitcheres como Carlton, Clemens, Pedro, Maddux, no han podido lograr un doble cero en hits y carreras. Obviamente, se necesita ser un “Dinosaurio” para dibujar siete obras maestras. Quizás si Miguel Ángel hubiera sido lanzador.

9)- LOS 110 BLANQUEOS.- El fenomenal Nolan Ryan se retiró con 61 pitcheos de sólo ceros, igual que Tom Seaver, en tanto Cy Young se extendió hasta 76. Estas cifras permiten ilustrar con facilidad, la espectacularidad que tienen las 110 blanqueadas logradas por Walter Johnson, derecho de los Senadores de Washington, conocido como “El Gran Tren”. El segundo en la lista es Grover Alexander con 90. Ahora, con la incidencia del pitcheo de relevo, un pitcher con más de 100 blanqueos, es imposible. A menos que el montículo sea colocado a 45 pies del plato, como lo estuvo en un tiempo.

10)- DOS NO HITTERS SEGUIDOS.- Un pitcher que registró más derrotas que victorias (119-121), que nunca tuvo chance de ingresar a Cooperstown, que no pudo lograr una temporada de 20 victorias, que debutó en 1937 y fue devuelto a Triple A, el zurdo Johnny Vander Meer, provocó un irrepetible doble impacto en la temporada de 1938 desde la colina de los Rojos de Cincinnati, con no hitters consecutivos. El primer no hit lo construyó el 11 de junio de 1938 contra los Bravos de Boston por 3-0 ante 10,311 fanáticos en el Crosley Field de Cincinnati; el segundo, cuatro días después, el 15 de junio, contra los Dodgers de Brooklyn por 6-0 en el Ebbets Field. Fueron testigos de la proeza 38,784 aficionados. El propio Van Der Meer no lo podía creer.

Cada una de estas marcas supone un reto a lo improbable, como cada uno de los trabajos de Hércules. El tiempo pasa, y ellas permanecen, majestuosas, moviéndose sobre el arco iris de la grandiosidad.