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Las puertas del Salón de la Fama están por abrirse nuevamente con la esperanza de un justo reconocimiento al curvista Bert Blyleven, próximo a los 300 triunfos, con más de 3 mil ponches, y al formidable intermedista y efectivo bateador, Roberto Alomar, quien tejió una gran historia.

¿Se imaginan la primera escogencia para este Salón en 1936 con tantas fieras disponibles en las boletas? La abundancia complica enormemente, incluso a los que se jactan de tener cerebros más iluminados con corazones fríos. Podían haber sido seleccionados 25 o más, pero sólo fueron 5, con Ty Cobb superando a Babe Ruth, mientras Honus Wagner, Walter Johnson y Christy Mathewson, completaban la más lujosa promoción de todos los tiempos.

No hubo unanimidad. Ty Cobb obtuvo el 98.2% de los votos, en tanto el inmenso Ruth se conformó con el 95.1, igual que Wagner. Desde entonces, en un trayecto de 75 años, podés acercarte a la unanimidad, pero no tomarla. Ese es un trabajo que Hércules hubiera dejado pendiente por ser más difícil que cortar las cabezas de la Hidra de Lerna.

Pienso que podría llegar a registrarse una escogencia unánime. ¿Por qué no, independientemente que los más grandes “Monstruos” no lo consiguieran? Rickey Henderson alcanzó un 94.8% y me pregunto: ¿Cuál fue el criterio que utilizaron los que no votaron por Rickey?

La más grande aceptación de todos los tiempos la obtuvo en 1992, con 98.8%, el astro derecho Tom Seaver, quien brilló tan intensamente como Las Vegas en el desierto, lanzando para los Mets de Nueva York y los Rojos de Cincinnati, antes de ser enviado a los Medias Blancas y cerrar con Boston. Siete años después en 1999, el lanzador de meteoros Nolan Ryan se elevó también a 98.8 en porcentaje.

Un detalle de interés mayúsculo: Seaver, ganador de 311 juegos con 2.86 en efectividad a lo largo de 20 campañas, dueño de tres Cy Young, Novato del Año en 1967, capaz de ponchar a 3,640 realizando una faena macabra de 19 en un juego, y forjador de un “no hitter”, hubiera podido registrar 99.5%, si no se ve perjudicado por tres boletas entregadas en blanco, en protesta por la sanción a Pete Rose.

Con ese antecedente cuando Ryan tomó su turno en 1999, la expectación creció al máximo. ¿Sería el primero de escogencia unánime? El ganador de 324 juegos que nunca obtuvo un Cy Young, pero ponchó a 5,714 adversarios dejando un reguero de “cadáveres” en el cajón de bateo, que construyó siete juegos sin hit ni carrera, agregando 12 de solo un imparable, estableciendo la marca de 383 ponches en una temporada, superando por uno a Koufax; parecía estar avanzando hacia la unanimidad por el arco iris de la grandiosidad.

Pero no ocurrió. Su 98.8% le permitió equilibrarse con Seaver, resistiendo la embestida de Cal Ripken, ese pelotero de acero inmune a la kriptonita, quien estuvo en acción por 2,632 juegos consecutivos, siendo Novato del Año y Más Valioso, disparando 3,171 hits y 429 jonrones. Ripken alcanzó un 98.5 de porcentaje, enviando a Ty Cobb con su 98.2, a la cuarta posición.

dplay@ibw.com.ni