Edgard Tijerino
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Al “estilo” de Jesse James, pistola en mano pero sin pañuelo cubriendo su rostro, el puertorriqueño Roberto Alomar entró ayer al galope en el Salón de la Fama de Cooperstown; detrás, jadeando de agotamiento, levantando su brazo derecho en medio de la polvareda, también lo hizo Bert Blyleven, quien dibujaba curvas más pronunciadas que las de Jennifer López desorientando bateadores.

¿Quién decide cómo se usa la razón? ¿Qué es verdaderamente la lógica?, se pregunta John Nash personificado por Rusell Crowe en la inolvidable película “Mente brillante”, dando la impresión de ser uno de los votantes para la selección de nuevos miembros del Salón de la Fama.

Los expertos en valoraciones que le cerraron las puertas de Cooperstown al impresionante Alomar en enero del 2010 se las abrieron ayer otorgándole 523 votos, equivalente al 90% de aceptación, mientras Blyleven, con su paciencia y sus esperanzas a punto de colapsar frente a un agotamiento estrangulador, recibía 463 palmadas en su espalda, superando con porcentaje de 79.7, el mínimo permisible que es 75, no logrado en 13 intentos anteriores.

¿Qué fue lo diferente en las cifras que se analizaron de Alomar hace un año, y las colocadas sobre el tapete ayer? Sigo confundido por ese misterio inescrutable. El sexto latino en ingresar a Cooperstown vía directa, igual que Roberto Clemente, Juan Marichal, Luis Aparicio, Rod Carew y Tony Pérez, éste último en el 2000, agregando a Orlando Cepeda quien logró su reconocimiento por el Comité de Veteranos, tenía ayer los mismos 10 Guantes de Oro como segunda base de 24 kilates, 12 participaciones en Juegos de Estrellas, .300 de average en sus 17 temporadas, 2724 cohetes y 474 robos, que hace un año cuando se quedó corto.

Pero ahora, ese comportamiento fue visto a colores y no en blanco y negro. ¡Diablos! ¿Por qué asustarnos si lo hicieron con Joe DiMaggio y no por culpa de Marilyn Monroe? Y con el extraordinario dominicano, Juan Marichal, considerado todavía el mejor pitcher latino de todos los tiempos, ignorado en su primer intento, cuando le aplicaron una inexplicable tarjeta amarilla.

¿Y qué decir de Blyleven, a quien mantuvieron detrás de las cortinas durante tanto tiempo, que llegué a creer, sus casi 4000 ponches y 287 victorias a lo largo de 22 años, con una campaña de 20 triunfos, otra de 19 y cinco de 17, no tenían significado?
Ayer, quizás después de revisar a otros tiradores que están adentro y verse forzados a realizar comparaciones, los electores se percataron de que no se podía extender más la injusticia con Blyleven, y le concedieron el visto bueno con casi el 80%.

Alomar no es Róger Hornsby, pero se trata de uno de los más grandes camareros que se han visto después de haber sido firmado por San Diego a los 17 años, militando también con Azulejos, Orioles, Indios, Mets, Medias Blancas y Cascabeles, y un bateador fino y productivo, que sabía pisar el acelerador en los senderos.

¡Qué bueno por Alomar! Aunque lamentando ver como fueron abofeatadas las posibilidades de Rafael Palmeiro y Juan González con 11 y 5.2%, superados por el 19.8 de McGwire.