Edgard Tijerino
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Siempre he pensado que el gran pecado de Carlos García es no haber preparado gente para su relevo. Mientras el tiempo pasaba, Carlos no se preocupó o no se interesó por ese punto de tanta trascendencia.

Platón se construyó como discípulo de Sócrates, en tanto Aristóteles fue producto de la Academia de Platón, y más adelante, por encargo de Filipo de Macedonia, trabajó en la educación de Alejandro. Cada uno de ellos cobijó a otros con su sabiduría y experiencias como parte de sus legados.

Peleando sus últimos rounds, Carlos dejará huellas imperecederas de sus obras, incluyendo la realización de tres Campeonatos Mundiales, pero no podrá mostrar un discípulo que haya conseguido un alto nivel de desarrollo.

No es que sin Carlos en el escenario el béisbol nicaragüense va a detenerse y mucho menos acabarse. Cuando fue sacado bruscamente de circulación y enviado a prisión por casi cuatro años y medio, por un supuesto delito político, el béisbol continuó funcionando y hasta se obtuvo la medalla de plata en 1983, con participaciones en los Olímpicos de Los Ángeles y los Panamericanos de Indianápolis, entre otros eventos de indiscutida jerarquía, con los cuales siempre estuvimos familiarizados.

Es decir, que alguien aparecerá asumiendo la responsabilidad, pero no como consecuencia del aprovechamiento integral de las enseñanzas de Carlos.

En cierto momento, un abogado, Ronald Martínez, estuvo creciendo aceleradamente a la orilla de Carlos y había conseguido espacio en el concierto internacional. Llegó a ser mencionado como un potencial futuro Presidente de la Feniba, pero la relación entre ellos se agrietó, y con el agregado de otras dificultades, terminó saliendo de juego.

Ciertamente, nadie es imprescindible, aún sin tener relevos precisos a mano, pero los problemas que puedan presentarse para ser superados, se simplificarían de haberse realizado un trabajo pensando en el inevitable cambio generacional.

Hace poco, saltó al tapete Edgard Martínez al frente de un grupo que amenazó seriamente la permanencia de Carlos al frente de la Feniba, pero una vez vencido en las elecciones, tiró la toalla sorprendentemente demostrando que su vocación no era lo suficientemente fuerte para continuar batallando.

En un proyecto más reducido, pero muy exigente en lo administrativo, Enrique Gasteazoro atravesó por tres períodos manejando la Liga Profesional, consiguió fabricar espacios y establecer relaciones en el concierto internacional y fue contribuyente en algunas gestiones de Carlos alrededor de la Selección Nacional.

Carlos ha admitido, aunque no garantizado, que una vez cumpla su período no seguirá más, pero no se ve alguien funcionando en Feniba en una etapa de ambientación y aprendizaje, comenzando a cultivar experiencia.

Será triste para Carlos, fundador de Feniba en 1958 y manejando sus riendas entre 1970 y 79, recuperándolas en los 90 después de un buen trabajo de Emmett Lang, irse sin dejar huellas en ese terreno.

Decía Cicerón, “una cosa es saber y otra, saber enseñar”.