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El artillero dominicano Sammy Sosa, debería interesar. Sus 21 jonrones y 92 empujadas en 114 juegos, disparando 104 hits, indican que todavía es útil.

Pero ningún equipo se ha mostrado atraído por el bateador de 609 jonrones que se encuentra en la pista de los 40 años y quizás pretende algo significativo en lo económico.

Los Yanquis dejaron ir enmohecido a Babe Ruth y los Gigantes soltaron a Willie Mays. No existe atleta que pueda rendir por siempre. Ni siquiera prodigios como Martin Dihigo y Satchel Paige. Tampoco, por supuesto, Sammy Sosa y Barry Bonds.

En Oakland y en Kansas, ningún bateador empujó más carreras que Sammy en 2007, en Texas, sólo Michael Young y en Toronto, Frank Thomas. El más apreciado remolcador de 90 carreras fue en su tiempo el cubano Tony Pérez. Esa cifra es una excelente credencial para cualquiera.

Pero no hay interés por Sosa, un bateador con tres temporadas encima de los 60 jonrones en su mejor momento, pese a que él ha tratado de hacerse notar desde hace un buen rato.

Más Valioso en 1998 derrotando a Mark McGwire en una de las batallas más excitantes que se han visto dentro y fuera del terreno, Sammy es por ahora, el único latino con más de 600 jonrones, en espera de la arremetida de Alex Rodríguez y más delante de Alberto Pujols, si es que ambos se conservan lo necesariamente saludables.