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Raramente, el mejor cerrador de la Liga Americana en 2010, el dominicano Rafael Soriano, 45 rescates en 48 oportunidades, con un brillante 1.73 en carreras limpias durante 62 entradas y un tercio, permaneció mucho tiempo en el escaparate de los Agentes Libres.

Después de recibir un portazo en sus narices persiguiendo a Cliff Lee, y ver esfumarse la posibilidad de obtener a Zach Greinke vía cambio, los Yanquis finalmente lo atraparon con un contrato de tres años por 35 millones, pero no le entregaran la pelota para rematar, sino para apagar el voltaje de los bateadores enemigos, antes que Mariano Rivera, 33 salvamentos en 38 posibilidades, con 1.80 en efectividad, continúe su trabajo de terminar “estrangulamientos”.

Soriano impresionó con un llamativo salto de 27 rescates en 2009 a 45 en 2010, pero ojo con este dato publicado en el libro de Bill James que compré hace unos días: 28 de esos salvamentos fueron fáciles de lograr, y 17 regulares, ninguno difícil, como los 7 de Brian Wilson en la Liga Nacional, y los 4 logrados por Chris Pérez de los Indios en la Americana.

Tampoco Rivera con 19 fáciles y 14 regulares, consiguió alguno complicado, de esos altera nervios y arruga corazones, pero sigue siendo dueño de la mayor confianza yanqui, mientras Soriano intenta convencer como “factor de seguridad”, en un doble rol, esencialmente trabajando previo a Rivera, y ocasionalmente, encargándose del remate.

Los Yanquis, que se habían limitado a dos contrataciones: la del relevista Pedro Feliciano y el receptor Rusell Martin, han redondeado un fuerte bullpen con Dave Robertson, Boone Logan, Joba Chamberlain, Feliciano, Soriano y Rivera.

Terminará Soriano de construirse como “algo real” después de haberse instalado en la cima de los rematadores. Estas tres temporadas con un equipo tan pujante como los Yanquis, con un infield experto en simplificaciones, deben de ser muy útiles para su presente y futuro.

Uno piensa que pese a lo poco impresionante que es su rotación de abridores, con Soriano y Rivera, los de Nueva York, difícilmente perderán juegos en los que tengan ventaja hasta el séptimo inning, a menos que lo visto en estos dos últimos años de Soriano, sea como una falsificación de la Mona Lisa, o la de un brazalete como los que adornan las vitrinas de Tiffanys.

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