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Como en el caso de Dorian Gray, el célebre personaje de Oscar Wilde, hay un retrato de Diego Sandino envejeciendo en un cuarto de su casa, no él, que sigue siendo el mismo sin la menor señal de deterioro, y sobre todo su brazo, cargado de sabiduría, mortífero combinando sus lanzamientos, capaz de absorber y pulverizar la presión de un juego tan tenso, dibujando nueve ceros, emocionando a esa multitud próxima a los ocho mil.

Aunque sin que alguien lo sospechara, la intriga del juego fue despejada desde muy temprano con esas dos carreras facilitadas por el triple abridor de Campuzano, los sencillos de Reynaldo Rodríguez y Manuel Mejía, y el tiro desviado de Renato Morales a tercera, sin embargo, el suspenso estuvo colgado sobre las cabezas de todos, como aquella espada que impedía el parpadeo de Damocles, hasta el último instante, cuando con dos a bordo, un out, y esa ventaja a punto de erosionar, Noel Areas cruzando los dedos, le quitó la pelota a Diego para entregársela a Gustavo Martínez.

Un solo lanzamiento a Erick Morales, selló la primera victoria india en esta serie pactada a cinco batallas. El batazo fue hacia el pitcher, y sobre el tiro a segunda, la contorsión acrobática de ese gato que es Mairena, disparando en el aire a primera, para que Rodríguez, estirándose tan largo como nuestras esperanzas de vivir en un país mejor, y ahogando la pelota en otro de sus alardes, completara el doble play y provocara el aullido, que todavía al amanecer de hoy, mantenía vibrando lo que queda del Estadio Nacional.

¡Qué pitcheo el de Diego bajo presión! Inyectado de veneno, matando suavemente, derritiendo bates, congelando al enemigo, garantizando cero tras cero. Inútil el doble con un out de Justo Rivas en el segundo, no pasó de ese cojín; sin progresión Erick Morales en el tercero después de abrir con hit y robo; Ofilio paralizado en segunda gritándole a Marlon Abea, Rivas y Calzado que hicieran algo, en el cuarto; Renato esfumándose en segunda como amenaza después de hit y robo, al fallar en el sexto Isaac Martínez, Ofilio y Abea; y en el séptimo, por primera vez viendo dos a bordo Sandor y Erick Morales- pero con dos outs, dominando mansamente a Talavera.

También fue venenoso Carlos Pérez Estrella mientras sangraba por las dos estocadas del primer inning. Ponchó a once en las siguientes siete entradas mostrando una autoridad como la de Wyatt Earp en el viejo oeste, pero Sandino lo toreaba todo. Así que los tres ponches a Capuzano, no compensaron el daño hecho por el triple abridor conectado por el Más Valioso de la Liga.

El intento de robo de Mairena en el tercero sin out, frustrado por Marlon Abea, y el innecesario riesgo tomado por Wilton Veras buscando cómo llegar a segunda detrás del avance de Mejía a tercera, amputaron dos excelentes posibilidades indias de ampliación. Pero no fueron motivo de lamentos porque Sandino sostuvo la ventaja con su destreza, confianza y valentía.

Con la serie trasladándose a Granada, el Oriental intentará forzar un abrazo evitando que los indios se escapen, como hasta hoy lo han hecho, nuestros sueños de democratización.

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