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Qué impresionantemente emotivo fue ver saltar al Bóer de lo fatal a lo sublime, salir de las ruinas para proyectarse con insólita lucidez, hacia la proeza de una victoria sensacional por 6-5, colocando a los sangrantes tiburones, de espaldas al fondo de una pileta imaginaria, expuestos al último arponazo en el Playoff de la Profesional.

Una vez más, lo imprevisible del béisbol agitando corazones a través de volteretas provoca infartos. Todo parecía consumado con el Oriental en ventaja por 5-2 frente a un Bóer golpeado, con sus costillas crujiendo y sus piernas flaqueando. De pronto, el resurgimiento milagroso taladrando las posibilidades de empatar la serie, que los locales, daban por un hecho.

La insospechada arremetida de cuatro carreras en el inicio del noveno, con un desborde ofensivo súbitamente abrumador, hizo girar bruscamente la pizarra, y los Tiburones quedaron sin aliento frente al pitcheo de remate de Gustavo Martínez, que por segundo día consecutivo, aseguraba la victoria.

¿Qué estaba siendo lo fatal para los Indios? El pitcheo abridor del zurdo Mario Peña, rápidamente en desventaja por 3-0, aturdido por el jonrón de Juan Oviedo; la improductividad en los innings 3 y 6, malogrando dos excelentes posibilidades, con Eduardo Romero fallando en cada ocasión; el error en tiro de Wilton Veras que abrió espacio para la cuarta carrera con “olor a vigorón” en el tercer episodio; la atrapada del tiburón Renato Morales, descabezando un probable extrabases de Campuzano en el séptimo con Mairena circulando sin out; el mal fildeo de Campuzano en esa misma entrada, facilitando estirar la diferencia 5-2; y esa inutilidad próxima a lo agobiante, pese al aporte de un encendido Oscar Mairena disparando 4 hits en igual número de turnos, sorprendiendo a sí mismo con un jonrón.

Era otro Bóer el que estábamos viendo después de ocho triunfos consecutivos, un equipo falto de casi todo lo que se necesita para construir merecimientos, mientras el Oriental, se mostraba en pie de guerra, obviado incluso el no haber podido usar como abridor a Gonzalo López por lastimarse accidentalmente.

El derecho José Calero estuvo apretando cuellos frente a las exigencias, como si hubiera estado listo para detener el ímpetu de la tribu.

Con la pizarra 5-2, el buen relevo de Álvaro López, se agrietó como nuestra institucionalidad en el inicio del noveno, consecuencia de hits seguidos de Romero y Mairena. Activada la alarma, Omar llamó al zurdo Esteban Pérez, y fue sacudido por doble productor de Campuzano. Hey, ahora el juego estaba 5-3 con hombres en segunda y tercera. El pasaporte a Jilton Calderón para llenar las bases, obligó a Omar a traer al derecho Héctor Carrasco, pese a su tenebroso 7.80 en carreras limpias.

Hit de Reynaldo Rodríguez acercó a los Indios 5-4 y largo fly de Manuel Mejía, equilibró la pizarra haciendo masticar amargura a la clientela local. Que una batalla de cierre tan dramático, la decidiera un batazo flojo de Johnatan Loáisiga a la zona corta del jardín derecho, impulsando a Calderón, fue como una burla del destino para los tiburones.

Faltaba el final de juego y nos preguntábamos: ¿Habían escapado los Indios de lo fatal a la proeza o faltaba algo más? Bueno, todo dependía del relevo de Gustavo Martínez, y el dominicano de tendencia al descontrol, no falló. Liquidó a Ofilio, Abea y Guido. Con los tiburones atrás 0-2, todo Granada, aullando, quedó atrapada por telarañas.


dplay@ibw.com.ni

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