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Por encima del acribillamiento sufrido por Diego Sandino y del resurgimiento espectacular del Chinandega, casi borrando una alarmante desventaja de 6-0 en el propio arranque, el Bóer se coronó por tercera vez en esta nueva etapa del béisbol profesional, imponiéndose 12 por 9 contra vientos y mareas, en medio de una neblina cobijada de humo a ratos cegadora, obviando cortos circuitos, apagando constantes alarmas y sujetando angustias.


Recordando el abrumador y decisivo primer inning, frente al ceño fruncido del manager Davis Hodgson, del abismo se levantaba una queja amarga y sonora, como diría el poeta. Y es que algunas veces, las corazonadas son destrozadas. Como anoche, cuando la decisión de abrir inesperadamente con el todavía muy joven Ricardo Martínez, resultó fatal.


Aunque no es seguro, puede que en las tribunas, Denis Martínez "imprevisto" abridor frente a Cuba hace 39 años, siendo un chavalo con pocos meses de experiencia- no se haya sorprendido, pero, ¿quién de nosotros no frotó bruscamente sus ojos y sacudió la cabeza frente esa atrevida selección en un juego de vencer o morir para el Chinandega?.


El inicio fue surrealista con toque de pesadilla. El Bóer sin batear hit, estaba adelante 2-0 frente a Martínez, consecuencia de un golpe, un wild y cuatro bases por bolas, la última otorgada por Carlos Morla, a quién esperábamos tomando la responsabilidad de intentar frenar de entrada el impulso indio, no viniendo desde el bullpen. Un hit, otra base y un golpe sacaron de circulación a Morla y entró el veterano zurdo Oswaldo Mairena, quien facilitó la sexta carrera con un pasaporte más, antes de sacar el último out.


¡Cómo pesaba ese 6-0 con sólo un hit de Darrel Walter! Sin embargo, Chinandega respondió como los espartanos, sin reparar en la sangre que salía de sus heridas, y con tres cohetes fabricó dos carreras en el cierre contra Sandino, agregando otras tres en el tercero, con cinco cañonazos, entre ellos el doblete impactante de Wilson Batista.


Ahora el juego estaba 6 por 5 con el Chinandega crecido y el Bóer aturdido. La recuperación de lo intrigante era mortificante para los indios y naturalmente revitalizante para los tigres. No, Sandino no podía seguir, y Noel llamó a Elvin Orozco para fajarse con Mairena, que logró retirar a 8 consecutivos antes que los indios erosionaran de nuevo con hit de Holmann, doble productor de Rodríguez y hit de Veras. Esas dos carreras, establecieron un desequilibrio por 8-5, algo así como aflojar un poco el nudo que apretaba el cuello de los amenazados indios.


Jonrón solitario de René Oriental regresó a los indios a las brasas al estrechar distancia 8-6, pero con Julio Raudez fuera del escenario después de liquidar los innings 5 y 6, el Bóer consiguió su novena carrera contra Armando Hernández en el séptimo, y se volcó con tres más en el octavo, aprovechando el jonrón de Mejía estando Holmann a bordo y el hit productor de Walter. Con dos bateadas pendientes, perdiendo 12-6, Chinandega parecía bien acomodado en la tumba de Tutankhamon.


No fue así, porque la terquedad de los tigres no se había extinguido. Ellos fueron capaces de incorporarse con el doble de Jimmy, hit de Bowman y jonrón de Caleb Stewart. El recorte del marcador, 12 por 9, fue una advertencia, y cuando Batista abre con hit el cierre del noveno, Noel trae a Cristopher Cooper, quien terminó de sepultar al Chinandega sacando los outs necesarios para dejar a dos circulando.


Desplegando su mejor ofensiva, 17 hits, jugando sin errores, batallando fieramente, murió el Chinandega. Finalmente, las seis carreras del primer inning vistieron de duelo el ruidoso parque occidental. Eso sí, nada que discutir sobre el mérito de la tribu.

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