•  |
  •  |

Desde La Romana.-Denis Martínez se sentirá de cuerpo entero frente al espejo esta noche aquí, en este reluciente balneario, cuando ingrese junto con Orestes Miñoso, Luis Tiant, Andrés Galarraga, Manny Sanguillén, Felipe Alou, Tony Pérez y otros indiscutibles, al Salón de la Fama del Béisbol Latino. Cierto, no es Cooperstown, pero el reconocimiento “te hincha”.


Hay historias que se escriben con el corazón en un puño, el aliento sostenido, la destreza en ebullición y el impulso por superarnos alcanzando su máxima elevación. Ahí tenemos la de Denis Martínez, no solamente en su llamativo tránsito por las Mayores a lo largo de 23 temporadas, abriendo surcos con sus 245 victorias –todavía máxima cifra para un latino- y avanzando hacia la grandeza deportiva a base de agallas y clase, sino también en su esencia como ser humano, capaz de tomar un error para reflexionar, rectificar y proyectarse hacia una recuperación tan impresionante como ejemplar, convirtiéndose en orgullo de su familia y un espejo para las nuevas generaciones de atletas pinoleros.


Fue un asunto de agallas y clase, he pensado siempre sobre este pelotero, a quien conocí cuando comenzaba a gatear hacia la notoriedad con los Tiburones de Heberto en 1972, lo ví enfrentar al coloso cubano ese mismo año con la frialdad de quien confía firmemente que es capaz de tomar y resolver el riesgo, y más adelante, después de aquel casi “no hitter” en el Mundial del 72 y del super-duelo de Wortham en el Mundial de 1973, me llamó desde Rochester para decirme vía telefónica, “Me llamaron los Orioles. Voy para las Grandes Ligas y triunfaré. Ya lo verás”.


Franco y emotivo, rebelde por naturaleza, Denis nunca tuvo temor por meterse en las situaciones más complicadas, exteriorizando lo que pensaba y sentía, colocando siempre el corazón delante del cerebro y la espontaneidad encima de la conveniencia. Y esas actitudes valientes, le permitieron ganarse un justificado respeto en Baltimore, Montreal, Cleveland, y en cualquier otro sitio.


Agallas, ese fue siempre el nombre del juego para este pitcher de innegable calidad. En 1995, frente a los Orioles, lo vi caer de rodilla en Cleveland, víctima de un cañonazo hacia su pecho de Brady Anderson. Denis logró reaccionar para sacar un out increíble antes de derrumbarse mientras todo el equipo salía del dogout… “Creí que el corazón se me había parado o no estaba en su lugar, pero eso no fue importante mientras buscaba el out”, dijo. Hargrove consultó con el sobre la posibilidad de seguir, y Denis dijo: “Quiero hacerlo por favor, voy a realizar el esfuerzo”, y caminó el resto de la ruta blanqueando a los Orioles.


Él rugió de incomodidad cuando Tom LaSorda “le escamoteó” una segura escogencia para el staff de la Liga Nacional en el Juego de Estrellas en 1989, mientras estaba involucrado en una racha de 11 victorias; se sintió frustrado en 1981, cuando la huelga de peloteros le cortó la inspiración durante una temporada que lo vio compartir la máxima cifra de juegos ganados con 14; discutió bravamente solicitando abrir el juego en la Serie Mundial del 79, cuando pitcheaba para Baltimore, mostrando siempre su carácter como arma fundamental para enfrentar retos y superarlos.


Hay historias que se  escriben con el corazón en un puño y el aliento sostenido, como ésta de Denis Martínez.

dplay@ibw.com.ni