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No fue la pelea imaginada. Un Miguel Cotto frío, pensante y preciso, en constante movimiento, empujando al retador en todo instante, y estableciéndose en el centro del ring, enloqueció con facilidad a un terriblemente errático Ricardo Mayorga, manejando su estocada zurda como bisturí de cirujano golpeando la cabeza del pinolero, casi cerrándole el ojo derecho, abollándole el pómulo izquierdo y obligándolo a descender hasta el piso, al hacer estallar una poderosa y crujiente izquierda en el costado derecho en el round 12.

Fue un final revestido de intenso dramatismo porque Mayorga, desnudado en su incipiente tecnicismo, fue derrumbándose con su brazo izquierdo descolgado y su mano peligrosamente curveada, dando la impresión de haberse lesionado. Aunque desde antes de entrar la pelea a su recta final, la única posibilidad a la que podía aferrarse Mayorga era el nocaut, cada vez más improbable, ya sin energías, con su impetuosidad drásticamente reducida y su fogosidad enfriada, el retador seriamente averiado, se puso en pie con terquedad de gladiador.

Cotto fue encima de inmediato, y al comprobar la inferioridad total del nicaragüense, el referee Robert Byrd detuvo el combate sellando el nocaut técnico. ¿Qué es lo que esperábamos de Mayorga, supuestamente con la mejor condición física obtenida en mucho tiempo y hambriento de ir por más victorias? Que desplegara su furia ofensiva tratando de ejercer presión sobre Cotto lo más pronto posible. Él había asegurado que buscaría como noquear en cuatro asaltos. Después, sometido por Cotto, se le olvidó por completo y tuvo que refugiarse en la posibilidad de un desborde atropellador, como los producía en sus buenos tiempos que no se extendieron mucho.

En ciertos momentos, Cotto acertó hasta tres golpes de izquierda consecutivos, logró apretar contra las cuerdas a Mayorga, y lo robó su bravura haciéndolo desembocar en la inutilidad. El mejor round del nica fue el séptimo, cuando dejó de ver y sentir la martirizante izquierda del boricua.

Cotto puede haberse sorprendido del Mayorga que encontró entre las cuerdas desde el propio arranque, completamente trabado, sin poder iniciar ofensivas, carente del atrevimiento que siempre lo ha caracterizado, extrañamente cauteloso por momentos, fuera de control la mayor parte del tiempo.

Con tantas facilidades inesperadas, el boricua supo manejar el combate con seguridad y trazar un avance con pocos riesgos. No estaba Cotto para excederse en busca de ofrecer espectáculo, sino que se concentró en garantizar la victoria con la mayor amplitud posible, algo que logró, como lo demostraron las tarjetas de los tres jueces: 107-102 de Chris Wilson, 107-102 de Jerry Roth y 107-102 por parte de Duane Ford.