Edgard Tijerino
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Ésta es la historia de dos ciudades que no durmieron anoche y que se sienten “abrazadas” por una inseguridad agobiante: Milán y Madrid. Sus equipos tratan de sobrevivir jugando como locales hoy en los octavos de final de la Champions 2008.

El Milán, que no podrá usar a Seedorf lastimado y que tiene a Kaká como “sospechoso”, aguantó las constantes embestidas del Arsenal inglés en el primer duelo, logrando angustiosamente un empate 0-0. Aquel cañonazo de Adebayor casi sobre el tiempo, que sacó astillas del travesaño en la cabaña italiana, desajustando el sistema nervioso del arquero australiano Kalack, ha mantenido al último Campeón con un agudo dolor de cabeza.

El Madrid, derrotado 2-1 por el Roma, no podrá contar con el impetuoso holandés Van Nistelrooy, un tigre en el área, inhabilitado por problemas musculares, pero confía en que el inspirado Robinho asuma el liderazgo para guiar al equipo hacia una voltereta salvadora. Sería la muerte para el técnico Schuster, quedarse al margen de la cuartilla en octavos, después de tanto soñar.

La peor noticia para el Milán son las dudas que cobijan el accionar de Kaká, cerebro y gatillo del equipo, jugador de mayúscula incidencia en la última Champions. Atrapado y sin salida, el técnico Ancelotti cruza los dedos confiando en lo que puedan proporcionar Paolo Maldini, Andrea Pirlo y Alexandro Nesta, viejos monumentos como los famosos Domos, que saltarán hoy a la trinchera al frente de un exigente operativo: sujetar la agresividad del Arsenal y fabricar opciones ofensivas que no sólo se concentren en la posibilidad de contragolpes.

La gran intriga es: sin Seedorf y con Kaká tan expuesto a riesgos, ¿cómo generar un fútbol ofensivo que preocupe al flexible medio campo y fuerte defensa que mostró el Arsenal en la primera batalla, cuando mereció la victoria? Filipo Inzaghi y el chavalo brasileño Alexander Pato son las grandes esperanzas.

Ojo, los dos equipos vienen de cojear: el Milán tuvo que conformarse con el empate 1-1 frente al Lazio, en tanto el Arsenal, que perdió al fracturado brasileño Eduardo, sudó helado durante el equilibrio logrado el domingo con el Aston Villa. Cualquier empate que no sea 0-0, como fue el resultado en Londres, elimina al Milán.

El Madrid, por su parte, ha logrado salir de un bajón de voltaje al impulso de Robinho. El técnico Schuster confía en el funcionamiento que pueda conseguir el equipo aun espoleado por la desesperación, y poder quebrar el bloqueo italiano que hace un gran negocio si el duelo termina igualado.

Milán y Madrid se encuentran sufriendo a la orilla del pozo de las angustias. Ésta es la historia de dos ciudades que hacen coexistir su pasado, presente y futuro en un balón.