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No hay forma de vencer al serbio Novak Djokovic. No por ahora, cuando está jugando inspirado, imperturbable, certero, implacable, aunque saliéndose a rato de sus casillas al no poder controlar su temperamento. El “pistolero” del momento, parece estar preparando el asalto a la cima del tenis mundial, en la que se encuentra instalado Nadal.

Su victoria por 4-6, 6-3 y 7-6 en el Sonny-Ericksson de Miami, alargando su gran racha del 2010 a 24 victorias, sin incluir las dos de la Copa Davis, certifica lo terriblemente difícil que es enfrentarlo, aún para Nadal, víctima del serbio por tercer duelo consecutivo, afectado por sus dobles faltas constantes, entre ellas una en el tie-breaker decisivo.

Por ahora, sólo jugando sin errores se le puede ganar a Djokovic, y Nadal, sin precisar lo necesario su primer saque, y quedándose en la red agobiado por el calor desgastante que seguramente cobijaba Miami, viendo reducirse el radio de acción que acostumbran cubrir sus piernas, fue debilitado en un segundo set que perteneció al serbio de la cabeza a los pies, y que pudo ser más drástico que el 6-3 en pizarra.

El partido se caracterizó por prolongados intercambios de disparos buscando las más peligrosas diagonales, durante los cuales, Djokovic, una vez recuperado del primer set,  mostró mayor precisión. Ambos tuvieron que sacar energías extras del baúl de las reservas mientras aterrizaban en el impredecible tie-breaker, con cada uno perdiendo sus primeros dos servicios, antes que Djokovic se adelantara para no soltar las riendas.

Vencedor en el Open de Australia, verdugo de Federer y Nadal en Indian Wells, y dominando el Sonny Ericksson, Djokovic da la impresión de estar en ruta hacia un año sensacional con tres torneos de Grand Slam pendientes.

Hemos estado viendo la mejor versión de Djokovic, y un Nadal en restablecimiento, que podría volver a ser el mismo antes de Roland Garros en París.