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La primera vez que vi a Manny Ramírez, fue en el dogout de los Indios al ponerse en marcha la temporada de 1994. Fui hasta Cleveland para ver a Denis Martínez enfrentarse a Randy Johnson, en el primer juego oficial en Jacobs Field, y Manny, un joven de 22 años, peleado a rape, mostraba una inquietud contagiante. Con un doble, quebró la posibilidad de no hitter de Johnson en el séptimo, y ayudó a Denis a salir del hoyo en ese duelo. Su potencial estaba ahí, en pleno desarrollo, al servicio de aquel equipo indio que reunía a Kenny Lofton, Omar Vizquel, Carlos Baerga, Albert Belle, Jim Thome y Eddie Murray, con Denis encabezando su rotación.


No necesitaba Manny de sustancias prohibidas para ser un pelotero impacto. Pero en una sociedad cada vez más descompuesta, atrapado por las exigencias del show, ansioso de mayor grandeza, se desvió hacia la tentación de tratar de mejorar sus cifras recurriendo a recursos “extras” y muy riesgosos. Sufrió una de las más drásticas sanciones y quedó marcado. A partir de ese momento, se vio sometido a una presión infernal, y finalmente, decidió retirarse sigilosamente, después de haberse visto inutilizado en el inicio de esta temporada con los Rays de Tampa.


Hay tantas especulaciones alrededor de su súbito retiro a los 39 años, que no sabemos que pueda ser o no cierto. Se habla de haber estado “pegado” y no disponible para otro examen riguroso, y se menciona que una operación de vasectomía lo afectó al forzarlo a consumir medicamentos para mejorar el rendimiento sexual.


Con tantos valores cada vez más distorsionados en nuestra naturaleza humana tan cargada de pecados, como advertía el poeta, intentar correr más rápido como Ben Johnson, saltar más alto como Javier Sotomayor, tener más poder como Manny Ramírez, no entra en mis consideraciones de mayúscula gravedad, excepto por el daño que físicamente provoca, no por “la hinchazón” de las marcas. Y una muestra de eso, es que los mismos cuestionadores, esos que exigen reputaciones purificadas, y que cierran las puertas de Cooperstown a “los pecadores”, conservan las cifras intactas, provocando desconcierto.


Así que los 555 jonrones de Manny, superando a Reggie, Schmidt, Mickey, Ted y tantos otros monumentos; sus 1831 empujadas, 29 jonrones en postemporada, título de Mas Valioso en la Serie del 2004, las 12 apariciones en Juegos de Estrellas, sus 9 bates de plata y otros impactos, permanecerán por siempre.


Con o sin sustancias, Manny Ramírez ha sido uno de los más grandes bateadores de todos los tiempos. Dueño de un swing a veces aparentemente perezoso pero terriblemente destructivo, Ramírez mantenía a los pítcheres en el hoyo y con los pelos de punta. Militó con Indios, Medias Rojas, Dodgers, Medias Blancas y Rays.


Ojo, siempre valió la pena comprar el boleto para verlo batear. No hay quien pueda arrepentirse de haber hecho eso. Así que, pienso que es una suerte haberlo visto en acción.

dplay@ibw.com.ni