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¿Será cierto lo que vimos? Un Real Madrid desconectado, carente de ideas, buscando con cierta desesperación una brújula para orientarse, amputado en los últimos 20 minutos por la expulsión de Pepe, fue eliminado por el compacto y agresivo Roma 2-1.

El Madrid perdió el juego que más ansiaba ganar, víctima de desajustes y con Robinho apagado la mayor parte del tiempo, dando la impresión de estar tratando de atravesar por un campo minado. Lo siento Schuster, el diablo te puede salir en cualquier esquina de la Champions, como lo hizo ayer con el uniforme del Roma.

No era necesario que Vucinic se adelantara a Casillas entrando a la zona roja con tanta determinación y seguridad, para asestar ese cabezazo mortífero en tiempo de descuento, a los 92, cerrando la tapa del ataúd en que se encontraba “el cadáver” del Madrid, porque desde el gol de Taddei a los 73 todo parecía estar consumado, pese a la respuesta casi inmediata del equipo español por gestión discutible de Raúl.

Legítimo el triunfo del Roma. Manejó el balón con mayor habilidad el equipo italiano, le aplicó una circulación apropiada, supo abrir juego, cerrar espacios en el medio y apretar tuercas atrás, esforzándose por conservar el entendimiento.

¿Quieren una fotografía? Tiene que ser la del cabezazo de Rodrigo Taddei a los 73 minutos, anticipándose a Heinze y Gago, enderezando un centro llegado desde la izquierda, colocando el balón fuera del alcance del milagroso Casillas, describiendo una luminosa parábola para el 1-0 que aflojó todas las tuercas del Bernabeau.

En ese momento, el Madrid batallaba con 10 hombres y había cambiado su frac, por ese traje de trabajo que usa la clase obrera cuando reta todas las adversidades en busca de la proeza de sobrevivir, contra viento y marea.

Dos minutos después, en una jugada tan rápida y precisa como cuestionada, por encontrarse Raúl en posición fuera de lugar, el Madrid se levantó de la lona. Robinho, visto muy poco, metió una pelota a Raúl, que en puntillas, se movía sigilosamente a espaldas de los defensas italianos con pulgadas de ventaja. Concretar esa maniobra estableció el empate 1-1 reactivando a la multitud con 15 minutos pendientes.

Pero en ese tiempo, todo era cuesta arriba para el Madrid en la montaña de las dificultades, con un hombre menos. Atrás habían quedado tres disparos que estallaron en los travesaños, el de Aquilani a los 17 minutos, desde lejos, escalofriante; el realizado por Batista de tiro libro, que rebotó en la escuadra superior derecha; y el de Vucinic a los 65, sobre un centro atrás de Tonetto.

¿Sería posible que el Madrid se saliera del hoyo? Imposible. Fue Vucinic quien se robó el show con esa entrada fulminante y certero cabezazo que paralizó a Casillas y sepultó al Madrid.