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Francisco Antonio Hernández dejó su casa hace tres años, para debutar en la universidad. Atravesó en ferry el Cocibolca y siguió la ruta hasta llegar a la capital, donde hoy cursa el III año de la carrera de Diplomacia y Ciencias Políticas, en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN-Managua.

Tiene 24 años y es una persona muy comunicativa y amable. Cuenta que es ciego de nacimiento, pero que su condición, lejos de ser un obstáculo, es su motor para seguir adelante.

“Los médicos hasta la fecha no me han sabido decir porqué no puedo ver, creo que eso lo decidió Dios”, dice este joven originario del municipio de Altagracia, Isla de Ometepe.

Relata que su trayecto hasta el bachillerato no fue fácil: “Asistía y participaba de mis clases solo escuchando, fue hasta en el sexto grado que aprendí a leer”.

Tambien experimentó el rechazo de algunos compañeros y comenta que los métodos de enseñanza no se ajustaban a sus necesidades de aprendizaje.

Como universitario, Francisco se muestra seguro y con entusiasmo. Siente que la universidad le ha permitido desarrollo y valora sobremanera su integración al grupo de clase.

A Francisco se le puede ver movilizarse por los pasillos de la universidad ayudado por un amigo, pero empeñado en alcanzar la meta, la licenciatura.

Alumno destacado

Jimmy Leytón Carrillo es otro joven originario del municipio de Altagracia, Isla de Ometepe, que aspira a coronar una carrera universitaria, y eso se aprecia en las buenas calificaciones que lo ubican en el cuadro de honor del grupo de primer año de la carrera de Psicología.

Carrillo es no vidente y comparte que un apoyo en su preparación es la lectura a través del sistema Braille, aunque prefiere utilizar el sistema “Jaws”, que es un software lector de pantalla para ciegos o personas con visión limitada.

“Con el Jaws escucho lo que dice un folleto, a través de la computadora, así que solo necesito tener las versiones electrónicas de los folletos, y si no los consigo digitales, mis compañeros colaboran y los leen para mí”, comenta.

Sobre ruedas para ser un ingeniero

Hace 12 años, Edwin Cerda Pérez perdió su capacidad motora luego de sufrir un accidente automovilístico en su ciudad natal, La Concepción, Masaya.

Tiene 24 años y cursa el quinto año de Ingeniería Electrónica en la UNAN- Managua, recinto al que ingresó cuando existían pocas ramplas que auxiliaran la movilización en silla de ruedas.

“Ha mejorado mucho la infraestructura de la universidad”, reconoce el estudiante, tras revelarse como un joven que se enfrenta a la vida con optimismo.

Ya sea mediante las ramplas o con el auxilio de sus compañeros, Edwin siempre está presente en las aulas.

Otra meta de Edwin es comenzar a jugar baloncesto en una liga para personas con discapacidad motora.

 

La incertidumbre

Edwin Cerda está a un paso de culminar sus estudios superiores, y le preocupa encontrar un lugar donde comenzar su vida laboral. “Estoy en quinto año y aún no he realizado pasantías, creo que encontrar trabajo será más difícil debido a mi condición”, dice.

En cambio, Francisco Antonio Hernández, del tercer año de Diplomacia y Ciencias Políticas, aspira ubicarse en un trabajo que le permita ayudar a las personas con discapacidad, aunque también reconoce que “las ofertas laborales para personas (ciegas) como yo, son muy escasas”.

Rosario Hernández, directora académica de la Universidad American College, opina que los estudiantes con discapacidad “compiten en desventaja con los universitarios convencionales, ya que no pueden desempeñar muchas funciones que requiere el empleador”.


"No tengo muchos problemas para movilizarme, existen ramplas en la universidad, y a los edificios que no puedo acceder, mis amigos me ayudan, ellos son muy solidarios".

Edwin Cerda Pérez
Estudiante de Ingenieria Industrial