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Un profesor dio una conferencia sobre un animal prehistórico llamado el canisaurio, un animal nocturno inadaptado, desaparecido en la Era Glacial. Pasó entre los estudiantes un cráneo, mientras hablaba sobre sus características: visión nocturna increíble, color de la piel, etc. Inmediatamente hizo un examen sobre el tema, donde los alumnos podían tener sus apuntes a mano.

Todos obtuvieron una nota de cero. Indignados, protestaron, alegando que habían respondido de acuerdo con lo expuesto en la conferencia.

El profesor respondió: “Nunca existió el canisaurio. Todo era un invento, por tanto las respuestas eran incorrectas”. Los alumnos reaccionaron furiosos: “¿Qué clase de examen es este? ¿Y qué clase de profesor tenemos?”.

El profesor les señaló: Tendrían que haberse dado cuenta de que si el animal había desaparecido, ¿cómo era posible describir su visión, el color de la piel y otras características imposibles de saber? Además de que el cráneo —realmente el de un perro— se habría esfumado. Ni siquiera con un nombre tan ridículo habían sospechado. Una lección dura para los estudiantes, pero fundamental para una educación de verdad.

La anécdota es lo contrario de la enseñanza centrada en repetir el libro de texto y los apuntes en clase; de la educación reducida a la repetición, pero que no es aprendizaje y que resulta en personas con un título, algo de información y ninguna formación.

Estamos convencidos de que la educación verdadera debe estar centrada en el aprendizaje de la capacidad de pensar por uno mismo, de manera analítica y creativa —los profesores, los libros de texto y la internet no son infalibles—; y en la formación del carácter, las cualidades morales que hacen a una persona capaz de decidir lo correcto en todas las circunstancias. El verdadero docente no solo debe dominar su área profesional, sino también conocer a sus estudiantes y apoyarlos desde donde se hallen para así recorrer juntos el camino que conduce a ser profesionales de primera, siguiendo lo afirmado por Sócrates: “No puedo enseñar nada a nadie, solo puedo hacerlos pensar”, y reafirmado por Einstein: “Nunca enseño a mis alumnos, solo trato de establecer las condiciones en las que pueden aprender”.

 

*Rector Thomas More