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El concepto de responsabilidad social empresarial surge en Estados Unidos a mediados del siglo 20 por la idea de que, si las empresas usan recursos que posee una sociedad, el solo hecho de su uso genera un deber ético y por consiguiente de alguna manera esta debe devolver a la sociedad dichos beneficios.

Desde entonces se ha convertido en una práctica que cada vez adquiere mayor relevancia tanto para las instituciones como para las comunidades involucradas.

La responsabilidad social se desarrolla cuando una organización toma conciencia de sí misma y de su rol en la comunidad. La organización abandona su enfoque egocéntrico para convertirse en un gestor activo de cambio y desarrollo en la comunidad.

Las universidades no quedan aisladas de este deber ético y moral de trabajar por la comunidad y con la comunidad; pero en este caso el asunto se vuelve más complejo, ya que, como centros de educación, es nuestro deber formar al capital humano con el sentido de responsabilidad social que necesita el país.

No debemos confundir la responsabilidad social universitaria, RSU, con la proyección social o extensión universitaria. No se trata solo de ser solidarios, filantrópicos o asistencialistas ante algunos problemas sociales; sino que debemos ser gestores activos del cambio y el desarrollo de la sociedad. El concepto de responsabilidad social llega un poco más lejos, ya que “añade el imperativo moral de hacer aquello que mejora la sociedad” (Robbins-Coulter, 2005). Desde este enfoque, las universidades deben tomar como obligación la persecución de metas a largo plazo en beneficio de toda la comunidad.

La RSU comienza desde lo interno de la universidad, ya que consiste primeramente en el compromiso de formar profesionales cuyas metas laborales sean compatibles con el desarrollo sustentable de la sociedad, la preservación del medio ambiente, el respeto a la diversidad y la disminución de las inequidades sociales; en fin, profesionales que no solo logren un nivel de excelencia académica, sino que además se muestren comprometidos socialmente.

Debemos romper con el paradigma de que RSU es sinónimo de asistencialismo temporal y convertirnos desde nuestros centros de formación profesional en actores socialmente activos involucrados en proyectos sociales de desarrollo sostenible.

No debemos olvidar que las universidades jugamos un rol con doble importancia: involucrarnos en la sociedad aportando soluciones a problemas que necesiten nuestra atención y formar con conciencia crítica a los futuros tomadores de decisiones.

 

*Rectora Unica