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Dos preocupaciones aquejan actualmente a los empleadores: encontrar al talento humano idóneo y entrenarlo. La brecha entre las habilidades requeridas para ejecutar efectivamente un trabajo y aquellas que poseen los postulantes les resulta preocupante a los gerentes de recursos humanos y empresarios que precisan contratar profesionales competentes. Como empleador es preferible contratar a talentos capaces de ejecutar sus funciones desde el primer día en lugar de verse obligado a invertir recursos (tiempo y dinero) en capacitar a personas sin la formación adecuada. Todo esto, por no encontrar a un candidato que ya cuente con estas capacidades. Como resultado, a los jóvenes frecuentemente les resulta difícil encontrar trabajo. He aquí donde entra en juego la formación universitaria.

Las universidades tenemos la misión de dialogar constantemente con nuestros egresados y en particular con los empleadores potenciales de nuestros alumnos para que nos compartan sus vivencias y sus valoraciones expertas para luego poder proceder a dotar a nuestro estudiantado con aquellas habilidades que requieren para liderar instituciones, organismos y empresas. Nuestro deber consiste en cerrar la brecha entre la teoría y la práctica, entre lo que enseñamos en las aulas y lo que demanda el mundo laboral. En esto consiste la empleabilidad.

La empleabilidad es un conjunto de habilidades, conocimientos y atributos personales que le permiten a una persona obtener un empleo bien remunerado, mantener ese empleo y ser exitosa en su profesión. Esto implica ser capaz de transmitir una actitud positiva y poder tomar decisiones sensatas y maduras. Dicho individuo se comporta con ética y adquiere un compromiso serio con la calidad. Es capaz de aprender, de actualizarse y de aplicar sus conocimientos en la práctica. Posee excelentes destrezas para la comunicación oral y escrita y sabe organizar y planificar su tiempo. La empleabilidad también implica cosas tan básicas como practicar buenos hábitos personales y llegar al trabajo temprano y bien vestido.

Si no equipamos a nuestros educandos con las capacidades que requieren para ser líderes en sus profesiones, les estamos poniendo una barrera. Graduarse con estas deficiencias tiene repercusiones graves. Sin embargo, hay una luz en el camino: la empleabilidad puede enseñarse. El cambio puede ser difícil, pero puede lograrse. Como universidades responsables en Auprica estamos trabajando arduamente en disminuir la brecha dotando a nuestros estudiantes de los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para insertarse exitosamente en el mundo laboral.

 

*Rectora de Universidad del Valle