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Ginebra, Suiza.- La esperanza es lo último que se pierde, dice un dicho, y la actitud de espera de las naciones en desarrollo a que los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se decidan a eliminar los subsidios a la producción y exportaciones agrícolas que distorsionan el comercio mundial, parece confirmar el planteamiento.

Desde las conferencias realizadas en Uruguay, Montreal Katar, México, las naciones emergentes han venido demandando que los países desarrollados eliminen las subvenciones a los productos agrícolas, dado que afectan al tercer mundo en beneficio de los intereses políticos de presidentes de turno en Estados Unidos y en la Unión Europea.

A finales del año pasado el canciller brasileño Celso Amorim, dijo que Brasil puede perder el interés en un acuerdo en la Organización Mundial del Comercio (OMC), si los países ricos no reducen los subsidios agrícolas, declaraciones que realizó tras una reunión con la representante de Comercio de Estados Unidos, Susan Schwab.

Amorim habría dicho: “si ellos quieren una ronda de Doha (OMC), no pueden continuar exigiendo un precio excesivamente alto por parte de los países en desarrollo”, al tiempo que destacó que el incremento de los precios de los alimentos fortaleció la posición de los emergentes en la mesa de negociación.

En ese sentido, el representante de la décima economía del mundo, advirtió que los países ricos deben tomar en cuenta que los pobres “estamos en el mercado vendedor y no comprador”.

De esa situación el director general de la Organización Mundial del Comercio, el francés Pascal Lamy, dijo a inicios de mayo que la crisis alimentaria aumenta la urgencia de concluir la ronda de Doha, porque esos motivos son visibles para todos nosotros y cada día más acuciantes.


OMC puede ser parte de la solución
Lamy, quien además es presidente del Partido Socialista Europeo, añadió que “la OMC puede aportar parte de la solución” para la actual crisis alimentaria, y aseguró que el organismo puede, y debe cumplir plenamente la parte que le corresponde en ese esfuerzo de vital importancia.

Para Lamy, la recomposición de fuerzas en la OMC representa esperanzas en que en una próxima ronda --que considera podría realizarse antes que termine el año-- se llegue por fin a un acuerdo que dé un calendario para ir eliminando las subvenciones de las naciones ricas a sus agricultores, y a sus exportaciones, tomando en cuenta el clamor y demandas latinoamericanas, y del resto de naciones del tercer mundo.

“El mundo y la OMC han cambiado desde la ronda de Uruguay”, afirmó Lamy durante la primera semana de mayo a un grupo de periodistas latinoamericanos, añadiendo que hace 12 años había sólo un club selecto, que está compuesto realmente por Estados Unidos, la Comunidad Europea, Japón y Canadá; pero ahora están varias naciones emergentes, entre las cuales se encuentran Brasil e India, entre otras.


Nueva fuerza de naciones emergentes
Para Lamy las naciones emergentes han cobrado una gran fuerza con la creación de grupos como el G-20, que nació en Cancún, México; pero aún con eso, las cosas no han cambiado y la demanda del tercer mundo de que los países desarrollados den un acceso libre de obstáculos para sus mercancías agrícolas, se ha estrellado hasta el momento ante la posición de las naciones ricas.

El planteamiento latinoamericano y del tercer mundo significa que las grandes potencias deben abrir sus mercados, quitando las barreras y protecciones arancelarias, eliminando o reduciendo en forma significativa los subsidios directos a los agricultores, o las subvenciones a las exportaciones.

Las subvenciones a las exportaciones afectan el comercio mundial e impiden un intercambio libre y justo, sostienen las representaciones de las naciones pobres ante la OMC. En Doha se estableció un tiempo límite para eliminar totalmente los subsidios a las exportaciones agrarias para 2013.

Sin embargo, Estados Unidos sigue manteniendo que no los quitará en tanto no los quite la Unión Europea. Para ambas zonas, miembros del selecto club de los 30 ricos, aglutinados en el seno de la OCDE, es sumamente importante mantener las subvenciones; en tanto de esa manera apoyan a una parte influyente de sus electores, pese a que la agricultura representa apenas el ocho por ciento del valor del comercio mundial.

Las representaciones del tercer mundo a su vez han defendido una fuerte reducción efectiva de los subsidios internos, “proporcional” a las concesiones sobre el comercio de bienes industriales que deben hacer los países en desarrollo. Sin embargo, esas negociaciones hasta ahora han fracasado.

En 2005 el valor de exportaciones agrícolas era cerca de 699 mil millones de dólares de Estados Unidos, pero tomando en cuenta el rápido crecimiento de naciones emergentes como India, Brasil y China, y el aumento de la demanda; el valor de ese comercio sigue creciendo y los alimentos han comenzado a constituirse en un elemento de negociación muy importante para la siguiente ronda de Doha.



Tres cuartas partes del mundo dominadas por un selecto grupo
Al respecto, Pascal Lamy agrega, sobre la recomposición de la OMC, que tres cuartas parte de las naciones integrantes de ese organismo de comercio mundial son países en desarrollo, y en ese sentido, destacó la posibilidad de que se logre llegar a un acuerdo sobre las subvenciones a la agricultura en los países altamente desarrollados.

De hecho manifestó que naciones como Japón, Suiza, Noruega, entre otros, tendrían que cortar decididamente algunas subvenciones, liquidándolas o recortando entre un 70 u 80 por ciento esos subsidios a las exportaciones. Sin embargo, recordó que hacer esos recortes tiene un precio político, sobre todo para la administración estadounidense, cuyo país está en el negocio de las ventas agrícolas, pero subsidiadas.

Defensores de los derechos humanos y del comercio justo, plantean que la agricultura es un tema clave en la lucha por la justicia global, y a pesar de que los alimentos están cada vez tomando mejores precios en los mercados mundiales, esos beneficios no han llegado a los agricultores, quienes producen para más de seis mil millones de personas que habitan en el globo, y dentro del cual existen unos 800 millones de seres humanos que sufren hambre.

Entre tanto, los países ricos siguen protegiendo a sus agricultores, bien a través de subvenciones a la producción, bien a través de fuertes aranceles a los productos extranjeros, lo que causa que los agricultores de países pobres se vean incapaces de competir en igualdad.

Ante tal situación, representantes de naciones subdesarrolladas y cada vez más organismos mundiales, sostienen que será casi imposible alcanzar las ambiciosas Metas del Milenio, propuestas por las Naciones Unidas en el año dos mil para ser logradas en 2015; la primera de las cuales buscaba disminuir a la mitad el número de personas viviendo en hambre y pobreza extremas.

Las fallas en el sistema multilateral de comercio siguen afectando esos compromisos asumidos por líderes mundiales del Grupo de las 8 naciones más industrializadas del mundo. En tanto que la nueva realidad con altos precios de los productos agrícolas, aparte de constituirse en una oportunidad para los países emergentes, también es un peligro de aumentar el hambre en las naciones más pobres del planeta.

Pese a las expectativas positivas que tiene el señor Lamy, como Director General de la OMC, todo se estrella aún en el juego entre Estados Unidos y la Unión Europea, quienes se lanzan la pelota para ver quién sede primero en el tema de los subsidios, tanto internos como a la exportación.

Al respecto, el embajador de Estados Unidos ante la OMC, Meter F Allgeir, reconoció que América Latina ha trabajado fuertemente para que sean bajados los subsidios a la exportación; pero recordó que “hasta que no esté acordado todo, nada está acordado”. Con lo que admitió, podrían incluso desvanecerse las expectativas de una nueva ronda de Doha para este año.

Por otro lado, destacó que Estados Unidos no bajará unilateralmente los subsidios si las naciones que componen la Unión Europea no los bajan a su vez. Además, recordó que a lo interno de la OMC nada es gratis, no se da nada a cambio de nada, lo que era un mensaje directo hacia las aspiraciones de los países pobres.