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El cultivo de 600 hectáreas de tierras del sur de Nicaragua con madera de teca, las cuales eran anteriormente dedicadas al pastoreo de ganadería extensiva en dos antiguas fincas ganaderas cerca del poblado de Sapoa, en el sudoeste de Nicaragua, propiciará la absorción de 300 mil toneladas de emisiones de dióxido de carbono de aquí a 2017, señala una fuente del Banco Mundial.

Las fincas, donde desde 2006 comenzó el proyecto sin mucha propaganda, están ubicadas entre el Lago de Nicaragua y el Océano Pacífico; formarán para los próximos nueve años un bosque de teca, madera preciosa de gran aceptación en la industria, pero además generará créditos de carbono para su venta en los mercados internacionales.

Una de las fincas, La Pimienta, está justo en la frontera de Nicaragua con Costa Rica, y la otra, Javalina, se encuentra unos tres kilómetros al norte. El proyecto es financiado por el Banco Mundial, y 8.37 millones de dólares proporcionados por inversionistas gubernamentales y corporativos externos al Banco.

El cultivo de los árboles de teca en el sur nicaragüense es apoyado por el Banco Mundial bajo el nombre de Precios Woods (Maderas Preciosas), al ayudar a eliminar en casi una década unas 300 mil toneladas de emisiones de dióxido de carbono; mitigará el calentamiento global y se convierte en un cultivo sostenible.

El proyecto a la par involucra la preservación de unas 350 hectáreas de bosques y especies nativas arbóreas secundarias, que se encuentran en peligro en la zona. El Fondo de Carbono del Banco Mundial ha acordado “comprar” más 297 mil toneladas equivalentes de dióxido de carbono, 26% del total, a U$ 4 por tonelada antes de 2017.

Cuando los árboles de teca maduren, dentro de una generación, crearán una nueva fuente sostenible y comercialmente viable de madera para la venta en mercados nacionales e internacionales, además contribuirán a la reducción de la tala de bosques naturales.

Esta especie, no nativa de la región, se ha adaptado perfectamente al agreste entorno de Nicaragua, que se ve frecuentemente afectado por huracanes, inundaciones, sequías e incendios forestales. Es muy resistente al fuego, al grado que éste no daña a los árboles jóvenes de dos a tres años de edad.

Mientras la estación seca de Nicaragua interrumpe el crecimiento de otras especies de árboles, la teca florece en regiones tropicales con períodos secos mucho más largos. Además, es resistente a las devastadoras plagas tanto de América Central como de su tierra de origen, Asia meridional y sudoriental.

En ese sentido, el proyecto Maderas Preciosas incrementará la retención de carbono y constituirá una fuente sostenible de ingresos para una comunidad vulnerable que habita en la zona del sur de Nicaragua, que colinda con el norte de Costa Rica.

Otros beneficios ambientales adicionales que produce la reforestación, de acuerdo a la información del Banco Mundial son: la prevención de la erosión, la protección de los depósitos de agua subterránea, la regeneración del suelo y el mejoramiento del microclima y del equilibrio hídrico.

“El proyecto ayuda a convertir a estas comunidades en beneficiarios del mercado de comercialización de créditos del carbono”, dice Armando Guzmán, especialista ambiental del Banco Mundial a cargo de la supervisión del proyecto.

Maderas Preciosas es un programa experimental importante para el Banco Mundial, para Nicaragua y para la región, ya que “permitirá ver si la comercialización de créditos de carbono funciona”, añadió. La idea es expandir el proyecto durante la próxima década, y reforestar hasta 4 mil hectáreas si el modelo inicial es rentable.

El proyecto puede llegar a ser autosostenible en tanto los árboles talados sean replantados inmediatamente, y así los beneficios ambientales se mantendrán durante largo tiempo.

La empresa tiene experiencia considerable en mecanismos para un desarrollo limpio y comercialización de carbono, al tiempo que opera una planta que genera nueve megavatios de energía a partir de biomasa en Brasil. En América Latina la empresa maneja más de 400 mil hectáreas de bosques húmedos tropicales, más de un mil hectáreas de especies arbóreas nativas y 4 mil hectáreas de teca.