•  |
  •  |
  • END

Aún cuando en Nicaragua existe una buena ley forestal, ésta requiere mejoras para que pueda levantarse de nuevo la industria del sector, que se encuentra sumamente decaída, al punto que han cerrado varias empresas dedicadas a la transformación de la madera, dejando en el desempleo a centenares de trabajadores.

El planteamiento de una reforma a la actual ley para mejorarla surge de Janja Eke, de la Gerencia Social y Ambiental de la empresa Futuro Forestal, que se dedica a ofrecer servicios para la implementación de proyecto forestales, estableciendo plantaciones para empresas que quieren invertir en ese rubro.

“La ley actual es buena, pero hay algunos inconvenientes en cuanto a que no incentiva suficientemente la actividad forestal y maderable, como para hacerla atractiva a los inversionistas que quieren obtener ingresos de futuro y aprovechar programas como el de captura de carbono, entre otras cosas”, expresa la empresaria de origen alemán.

“Porque a Nicaragua sólo vienen empresas de zonas francas que a los diez años están buscando cómo alzar vuelo o cambiarse el nombre para seguir gozando de los incentivos”, dijo la empresaria.

Además, ¿por qué no incentivar a las firmas que se radiquen en el país, que generen empleo, que transfieran tecnología y den ingresos para el país en impuestos y por exportaciones?
Si es buena, ¿por qué ha decaído la industria forestal?
Empresarios del sector han destacado que Nicaragua podría obtener ingresos altos de esta actividad, llegando incluso algunos a expresar que si existieran planes de manejo para toda la madera que se extrae localmente, el país podría obtener hasta 300 millones de dólares anuales.

Un estudio hecho por el Estado en 2005 considera que con 300 hectáreas de bosque bajo manejo, el país podría obtener ingresos brutos de 160.5 millones de dólares anuales.

Esa visión positiva, esperanzadora, pareciera estrellarse contra una realidad que ha incentivado más la destrucción del recurso forestal, favoreciendo la actividad ganadera extensiva, con toda la cantidad de secuelas que trae para el medio ambiente; estamos hablando de sequías, aluviones, retiro de la cobertura vegetal, y a la vez pérdida de vidas, cosechas e incluso infraestructuras.

¿Hay que dejar el bosque sólo para verlo, entonces?
“No, las cosas no son así”, destaca la consultora, quien afirma que con buenos planes de manejo el bosque no se destruye, porque lo que se saca de una hectárea es mínimo, pero debe estar controlado, certificado tanto localmente como internacionalmente.

“En otros países hay gente que invierte a largo plazo en plantaciones de bosques”, destaca la empresaria; pero en Nicaragua no hay visión de largo plazo, que es la que lleva consigo el desarrollo del sector en que se está trabajando y el crecimiento económico de la nación.

¿Qué ocurre habitualmente en Nicaragua? Normalmente hay una visión cortoplacista de sacar el máximo en un mínimo plazo, pero sin reponer lo que prácticamente se derrochó, teniendo realmente un enorme costo.

Se pierde la visión del bosque por ver el árbol
En verdad en Nicaragua, casi en todos los campos se está viendo el árbol de ganancias momentáneas, pero se está perdiendo la visión del bosque, de oportunidades de sembrar en el momento para tener utilidades por mucho más tiempo.

Eke sostiene que los nicaragüenses debemos crear condiciones para que las inversiones vengan, no seguir pensando en que es mucho tiempo que los árboles crezcan en 20 ó 30 años, porque ese período se pasa en un abrir y cerrar de ojos y la generación que hoy cifra entre 40 y 60 años, vio destruirse casi la mitad de la cobertura vegetal de la nación en las últimas tres décadas, y sin que el país se haya beneficiado.

La visión de los planificadores y expertos es sembrar hoy para recoger mañana. Pero en el ínterin se pueden obtener ganancias diversificando esta actividad, mezclándola con otras esferas que le produzcan ganancias a los que inviertan en sembrar plantaciones de bosques.

Para la consultora aún no se entiende realmente el concepto del árbol como cultivo en el que se invierte, se planta y luego se cosecha. Evidentemente un inversionista en plantaciones de bosques no lo hace porque es muy buena gente, sino que a largo plazo obtendrá réditos directos.

En ese sentido hay organismos que pagan por el carbono que capturan esas plantaciones, además, en el medio de los callejones se pueden cosechar frijoles, crear colmenas para sacar miel y subproductos de ella, así como aprovechar otros cultivos de ciclo corto que aprovechan la tierra vegetal que se va creando y la luz solar que penetra entre líneas de árboles.

La consultora con la que labora Eke tiene un lema que dice: “balancing nature and business”, o sea, un balance entre naturaleza y negocios, que de acuerdo con una serie de expertos es lo ideal para que se mejore el equilibrio ambiental del país y obtener a la vez ingresos para las empresas, para los trabajadores y la nación.

Un ejemplo de que eso es posible es lo que hacen las fincas cafetaleras, que se han lanzado no sólo a cultivar café, sino que a la par están desarrollando una actividad turística contemplativa o de aventuras. Eso fácilmente se puede hacer con las plantaciones de bosques, viéndolas como negocio que se pretende sostener en el tiempo.

¿Esperar 20 años para obtener réditos?
De acuerdo a la conocedora no hay que esperar 20 ó 30 años para obtener réditos; se pueden armar paquetes de captura de CO2, por lo cual organismos de países desarrollados pagan para que en las naciones que tienen bosques se produzca oxígeno y se capture carbón generado por las fábricas de ellos, y que es llevado a toda la tierra por las corrientes planetarias de vientos.

“Estoy convencida de que si se aprovecha bien el bosque, se le da valor, la gente no los destruiría para dejar la tierra para pastizales; antes bien lo cuidarían y más bien comenzarían a sembrar en las zonas que han sido cortados los árboles. Pero actualmente la mayoría de las personas no saben cómo sacarles ingresos, y antes bien ven al bosque como un estorbo, entonces lo botan”, apuntó.

Destacó que los indígenas de la comunidad de Layasixa están cuidando la floresta porque le están sacando provecho, y por lo tanto tienen planes de manejo que les dicen lo que se puede extraer de madera de una hectárea. Sin embargo, no tienen capital, ni tienen conocimiento suficiente.

Un buen plan de manejo señala que de una hectárea de bosque se pueden sacar unos 10 metros cúbicos, que llegan a ser en promedio unos cinco árboles anuales del total que existen en esa área.

Sin embargo, la mayor parte del bosque se está perdiendo sin sacarle provecho real, y embargando el futuro de las próximas generaciones, dado que está siendo quemado para sembrar pastizales; e incluso hay extracción ilegal de madera que el campesinado vende sumamente barata.

La mayoría de los árboles se pierden porque se quema el bosque y ponemos una vaca por hectárea, por falta de conocimiento, capital, cultura forestal que permita hacer uso racional del recurso que ahí se tiene.

¿Qué hacer entonces?
El tema no se resuelve por la vía de la simple multa, sino a través de dar más valor a la actividad legal de aprovechamiento del bosque y de siembra de los árboles, fomentando el buen uso de ese recurso que no sólo regulariza el medio ambiente, sino que con la industrialización de una madera adecuadamente extraída y procesada, se pueden obtener mayores réditos.


Legislación debe mejorar
Pero, ¿cómo hacer eso, cómo obtener los recursos necesarios si los bancos no dan préstamos para desarrollar esa industria?
Ciertamente ese es un problema, pero si se legisla mejor entonces los banqueros van a entender la señal que estaría mandando el Estado. Pero también existen fondos europeos, entre ellos suecos para plantaciones de bosques.

Uno ejemplo de estos es, dice Janja Eke, que Futuro Forestal desde 2006 está trabajando en el tema de la reforestación en Nicaragua y en Panamá, donde tienen un proyecto en una isla del Pacífico de ese país.

En Nicaragua la empresa ha diseñado una campaña para reforestar 10 mil hectáreas de plantaciones con árboles nativos, y ese proyecto se está desarrollando en las localidades de Nandaime, El Viejo y El Sauce. En tanto, está gestionando conseguir bonos de carbono en el mercado de Kyoto, Japón, para que beneficie a los productores que se decidan a realizar plantaciones.

Sobre esta iniciativa, se conoce que en cinco años, Futuro Forestal sembrará las 10 mil hectáreas de plantaciones en el país, y ya lleva plantadas dos mil. Actualmente han sembrado plantaciones de teca y de especies nativas como el roble, ñambar, guapinol, caoba, entre otras.

Eke informa que ese ciclo productivo se celebrará el próximo miércoles 11 de junio en la Finca El Pavón, ubicada en el municipio de El Sauce, León, en la cual participarán el director del Instituto Nacional Forestal (Inafor) William Schwarz, autoridades del Magfor y Marena, el alcalde Evertz Delgadillo, concejales, así como representantes de PRONicaragua, La Cuenta Reto de Milenio y empresarios del sector forestal, entre otras.