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De 2004 a 2006, los exportadores nicaragüenses de productos lácteos se quejaron de que las autoridades del Departamento de Agricultura de Estados Unidos les habían rechazado sus envíos, pero además señalaban que el producto regresaba realmente en mal estado.

¿Qué es lo que estaba pasando? Definitivamente Nicaragua estaba ingresando apenas al mercado mundial de productos lácteos y la experiencia, tanto en prácticas fitosanitarias como en buenos manejos de productos era apenas incipiente, por lo tanto las pérdidas fueron cuantiosas. De esos rechazos, que en su mayoría afectaron a cooperativas exportadoras, no se escaparon siquiera las grandes empresas de productos lácteos nicaragüenses, pero a la par le pasó también a México y a Honduras. De hecho, entre 2004 y 2005, el país registró alrededor de 67 rechazos de lotes de exportaciones de productos lácteos, supuestamente por haberse encontrado restos de coliformes fecales.

Más recientemente, en 2007, el gobierno de Honduras protestó al de Estados Unidos por haberle rechazado un embarque de melones que las autoridades sanitarias de aquel país dijeron que estaban contaminadas con salmonella, y pese a que la empresa exportadora rechazó la acusación, perdió la exportación.

Esa situación, de acuerdo al doctor Oscar García, especialista en inocuidad de alimentos de la Organización Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (Oirsa), dijo que se da por malas prácticas, las cuales pueden encontrarse desde el campo, de donde sale el producto, pasando por toda la cadena de acopio, transporte y comercialización.

Definitivamente para el experto, quien es un nicaragüense que labora basado en El Salvador, una contaminación microbiana se puede dar en cualquier eslabón de la cadena, y con los estrictos controles que existen hoy se detectan en cualquier momento, lo que ha llevado a los productos a tener que adoptar medidas que mejoren la eficiencia sanitaria.

Rechazos obligan a mejorar producción

García sostiene que aún no se sabe exactamente lo que pasó con el melón hondureño, pero la contaminación microbiana pudo suceder incluso en territorio de Estados Unidos, pero aún no se ha dado a conocer un informe concluyente.

El experto señala que este tipo de problemas de rechazos, los da a conocer el Departamento de Agricultura de Estados Unidos semanalmente por medio del organismo denominado Oasis. Por lo tanto, Oirsa trabaja para apoyar a los productores regionales para ayudarles a tener mejores prácticas en sus producciones de alimentos. La unidad de inocuidad de los alimentos de Oirsa es una de las cuatro áreas en que trabaja el organismo, y es la de más reciente creación de esa organización que tiene 55 años de haber sido fundada. Otras áreas en las cuales trabaja el organismo son: salud animal, sanidad vegetal y cuarentena agropecuaria.

La creación de esa unidad de inocuidad de alimentos respondió a las necesidades que impone el mercado mundial, para tener la seguridad que los alimentos que son exportados de un país a otro no van a afectar la salud de los consumidores. Fue un mandato de los ministros regionales a raíz del acuerdo de medidas sanitarias y fitosanitarias, asumido en el seno de la Organización Mundial de Comercio en 1994.

Según el acuerdo, los países tienen derecho de tomar medidas sanitarias y fitosanitarias en protección de la salud de los humanos, de los animales y de sus especies vegetales, de enfermedades transmitidas por medio de alimentos. Algunas enfermedades que pueden ser transmitidas por medio de alimentos de origen animal son la tuberculosis y la brucelosis.

Estas enfermedades zoonóticas se pueden presentar al consumir productos no pasterizados; el riesgo es muy alto, por lo tanto las autoridades sanitarias toman medidas para proteger a los consumidores.

Asesoría técnica

En ese sentido, Oirsa, afirma el experto, brinda asistencia técnica para que los países miembros tengan programas de control de brucelosis y tuberculosos.

Se están realizando acciones dentro de los países para que haya fincas, regiones o naciones con hatos libres de estas enfermedades.

En el caso de los lácteos, la pasterización de leche y el cuidado de la aplicación de las buenas prácticas de manufactura y el sistema de análisis de riesgos y puntos críticos (HCCP), que le da seguimiento al control de calidad e inocuidad de los alimentos, se volvió más compleja después que Estados Unidos adoptó la ley sobre bioterrorismo, que señala la posibilidad de que se produzcan contaminaciones intencionales para afectar a la población dentro de ese país. Este tipo de controles no sólo los tiene Estados Unidos, sino también la Unión Europea, cuya organización tiene un departamento de respuesta rápida ante una emergencia sanitaria a consecuencia de la llegada de un embarque de productos contaminados a suelo europeo.

Los peligros pueden ser biológicos, bacterianos, de virus, parásitos, hongos y levaduras; o también pueden ser producto de toxinas, plaguicidas y otro tipo de contaminantes.

Oirsa apoya con programas a nivel de los países y de regiones para fortalecer las capacidades institucionales de las naciones, para defender la salud de sus consumidores y se puedan evitar pérdidas en su comercio internacional.

Sistemas de alerta en funcionamiento

El apoyo de Oirsa tiene ver con el tema de control, de inspección y certificación de alimentos y programas de buenas prácticas agrícolas, de buenas prácticas de manufactura, con la implementación del HCCP y el fortalecimiento de la capacidad de los laboratorios que hacen la verificación y monitoreo.

En Centroamérica, donde hay centenares de miles de pequeños productores con limitaciones de acceso a educación, infraestructura, créditos, tecnología y capacitación, es el sector de donde más se han producido los rechazos de productos.

Sin embargo, los rechazos han disminuido debido a que los sistemas de alerta y respuesta rápida de la FDA en EU, como los de la Unión Europea, se encuentran activos; y también porque los productores centroamericanos --y nicaragüenses-- han tomado medidas para salir aprobados de llegar inspecciones al país.

De hecho dijo que en los próximos días llegará al país una visita del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la que viene a evaluar toda la industria láctea nacional, además de las exportaciones de carne. En tanto que, a lo interno del país, se hacen constantemente este tipo de prácticas, señala el doctor García.

La toma de medidas de control ha disminuido sensiblemente los rechazos de productos. En el caso de Nicaragua, eso se verifica evidentemente porque de acuerdo con Gloria Corrales, de la Cámara Nacional de la Industria Láctea, entre 2004 y 2005, fue cuando se dieron alrededor de 67 rechazos de embarques de quesos hacia Estados Unidos; pero en la actualidad no se ha conocido de ninguno por causas de coniforme fecales u otro tipo de contaminación.

“Exportar a mercados sumamente exigentes es un proceso de aprendizaje, de aplicar las medidas necesarias para lograr la inocuidad en los alimentos, de mostrar una buena presentación del producto y un buen etiquetado”, dijo la ingeniera Corrales, quien señala que en 2007 hubo alrededor de siete rechazos de embarques, pero ninguno fue por causas de contaminación bacteriana, sino por problemas de etiquetas.

Entre tanto, el doctor Gerardo Escudero, delegado del Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola, recordó que hace unos tres años empezaron a incrementarse los envíos de lácteos de los productores nicaragüenses al mercado norteamericano, y fue ahí donde hubo algunos problemas. Las plantas locales detuvieron sus exportaciones hasta que lograron hacer las inversiones necesarias para pasar los exámenes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

De hecho se aplicaron medidas estrictas de inocuidad, de buenas prácticas de manufactura y de manipulación, lo que ha redundado en un incremento de las exportaciones nicaragüenses de lácteos hacia Estados Unidos y otros países de la región centroamericana.

Sólo el año pasado Nicaragua exportó productos lácteos, principalmente quesos, por unos 90 millones de dólares. “Los productores lácteos esperan crecer mucho más este año”, según dijo Armando Fernández, Presidente de la Central de Cooperativas de Productores Lácteos, que maneja empresas que han sido certificadas por las autoridades sanitarias de Estados Unidos.