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  • AFP

Estados Unidos y la Unión Europea (UE) reclamaron el miércoles un mayor acceso para sus productos industriales en las negociaciones de la OMC en Ginebra, al estimar que ya habían hecho concesiones suficientes en el área agrícola.

"Hemos puesto una nueva e importante oferta sobre la mesa, ahora esperamos que nuestros socios hagan lo mismo", dijo la representante estadounidense de Comercio, Susan Schwab, al referirse a la propuesta de recortar de 17.000 a 15.000 millones de dólares las subvenciones distribuidas anualmente a los agricultores norteamericanos.

Para el comisario de Comercio de la Unión Europea (UE), Peter Mandelson, "está claro que las negociaciones agrícolas, aunque no se encuentran cerradas, están quedando atrás y debemos concentrarnos en los bienes industriales, donde existen muchísimos desacuerdos".

La secretaria francesa de Comercio, Anne-Marie Idrac, cuyo país ejerce la presidencia semestral de la UE, fue perentoria, al reafirmar el miércoles "de manera ofensiva y sin complejos" la "muy natural (voluntad europea) de obtener en estas negociaciones (su) parte de reciprocidad".

Idrac mencionó tres puntos, el primero de los cuales se refiere a las garantías de que las flexibilidades arancelarias concedidas a ciertos países no les permitirán poner al abrigo de la competencia a la totalidad de un único sector (cláusula anti-concentración).

Los otros dos puntos conciernen la inclusión en un eventual acuerdo de los temas de los servicios y de las reglas de origen (en la denominación de vinos y licores en particular).

Idrac reiteró que la UE no haría nuevas ofertas: "No habrá nuevas concesiones, no habrá otro movimiento por parte de la UE", dado que ésta ya dio o propuso todo lo que podía "por adelantado", declaró.

Idrac se refería a la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) de la UE en 2003, que redujo los subsidios, y a la propuesta discutida en Ginebra, de recortar en un promedio de 60% los aranceles de la UE a los productos agrícolas.

India y Brasil, líderes del G20 de países emergentes, no comparten esas versiones.

"La oferta de Estados Unidos sobre los subsidios es totalmente inadaptada y sin relación con los precios actuales de los productos alimenticios ni con nuestros reclamos", dijo el ministro indio de Comercio e Industria, Kamal Nath, quien consideró que de todos modos era una "buena señal" para los negociadores.

Y el canciller brasileño, Celso Amorim, sostuvo que "la pelota está aún en el campo de ellos (Estados Unidos y Europa)". "La patearon para adelante, pero no pasó la mitad del terreno", ilustró.

Las negociaciones de la OMC tratan de salvar la Ronda de Doha, iniciada a fines de 2001 con la intención de concluirla a fines de 2004. Pero desde entonces se halla trabada, por los reclamos cruzados de países ricos y emergentes.

El ministro indio alertó de que no se deben invertir las prioridades de la denominada "Ronda del Desarrollo", ideada para equilibrar las profundas desigualdades que se crearon en el planeta con el proceso de liberalización comercial de los años 90.

La negociaciones no deben servir para "acrecentar la prosperidad de los países desarrollados" ni para "poner en peligro a las incipientes industrias y pequeñas y medianas empresas de India", dijo Nath.

Nath se dijo pese a todo "optimista" sobre el éxito de las negociaciones.

Los mayores cuestionamientos a las modalidades de reducción de los aranceles industriales propuestas por la OMC proceden de Argentina y Sudáfrica, miembros del grupo NAMA-11 (formado por diez países, entre ellos Brasil, India, Sudáfrica y Venezuela).

El Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) propone que el cálculo de los valores que pueden beneficiarse con las flexibilidades esté alineado con los de Brasil, de lejos la principal potencia regional.

Varios sindicatos de países en desarrollo acudieron a Ginebra para advertir sobre los riesgos de abrir en demasía los mercados industriales.

Para Rubén Cortina, de la Federación Argentina de Trabajadores de Comercio y de Servicios, las propuestas de la OMC provocarían la pérdida de "200.000 puestos de trabajo" en el país sudamericano.

Según Felipe Saboya, de la Central Unica de Trabajadores (CUT) de Brasil, la reducción de los derechos de aduana en 1989-1994 provocó la pérdida de "1,3 millones de empleos" en ese país.