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Como un “vocero oficioso” del gobierno de Daniel Ortega calificó el economista independiente, Adolfo Acevedo, al representante del FMI en Managua, Humberto Arbulú, debido a declaraciones que el funcionario de ese organismo internacional hizo sobre el proceso inflacionario de Nicaragua.

Acevedo dice que el funcionario oficiosamente externó posturas oficiales del gobierno, tanto en lo que se refiere a nuevos pronósticos de inflación, como acerca de la naturaleza del proceso inflacionario y las políticas que se están implementando para hacerle frente.

“Preocupa que las propias autoridades del país no den la cara para rendir cuentas acerca de las sucesivas revisiones de su pronóstico de tasa de inflación para el ano 2008”, dijo el especialista al formular declaraciones para EL NUEVO DIARIO.

“Nuestro amigo Arbulú es el que da la cara, informándonos que el nuevo pronóstico oficial de inflación se sitúa en un 18-19%”, dijo el economista, quien además indicó que el problema es que la proyección de la tasa de inflación no es sólo una cifra, “sino que se sustenta en un modelo que procura determinar cuáles son las variables explicativas fundamentales de la tasa de inflación”, dijo.

Estimó que la importancia de una correcta comprensión del proceso inflacionario, es que la política que se implemente para hacerle frente dependerá precisamente del diagnóstico acerca de sus causas y mecanismos de propagación.

“Esto nos lleva a una segunda fuente de preocupación, porque nuestro amigo Arbulú, en su carácter de vocero oficioso de las autoridades económicas del país, expresó un diagnóstico sobre el proceso inflacionario, que es causa de justa alarma”, aseguró Acevedo.

El representante del FMI “discrepa de quienes afirmamos que la tasa de inflación estaría siendo desencadenada por masivos ‘choques’ exógenos de oferta, representados fundamentalmente por la escalada de los precios internacionales del petróleo y de los alimentos”, continuó.


Inflación desencadenada desde afuera
Esos procesos, como lo ha de saber cualquier economista, no pueden dejar de impactar muy fuerte sobre una economía pequeña, abierta y dependiente del petróleo como la nuestra, en la cual, por los niveles de pobreza, el consumo de alimentos tiene una ponderación muy alta en los índices de inflación.

Arbulú alega, frente a quienes aprecian la inflación como un proceso desencadenado por estos “choques” de oferta, que la prueba de que esto no es así, es que la denominada “inflación subyacente” también ha estado aumentando.

La inflación subyacente es la que queda después que los economistas en sus operaciones de cálculos inflacionarios, eliminan el efecto foráneo del aumento del precio de los alimentos, de la energía y de los combustibles.

“Nuestro amigo está separando los impactos directos --o de primera ronda-- del aumento del precio del petróleo y los alimentos, que se producen al aumentar el precio de la gasolina, del diesel, del gas licuado, de la urea, del agua potable, del transporte, de la energía eléctrica y de los productos alimenticios básicos, de los efectos denominados “de segunda ronda”.

Los efectos “de segunda ronda” se producen, en primer lugar, cuando los aumentos primarios o importados se transmiten por toda la cadena de costos y precios de la economía, en la medida en que el combustible, el transporte y la energía se constituyen en los costos de los procesos productivos de todos los sectores económicos.