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Es un hecho que alrededor de la mitad de la población de Nicaragua y Honduras viven en situación de pobreza y de pobreza extrema, y que a pesar de que se han mostrado en los últimos años algunos índices alentadores de crecimiento económico y cierta estabilidad política, la reducción de esa situación ha sido mínima.

A esta situación ha contribuido una serie de problemas estructurales y la influencia de grupos de interés, además de la escasa posibilidad de los pobres en participar realmente en los procesos políticos o de progresar, debido a la pobreza que se mira agravada por la falta de educación y de capacitación.

Según Peter Bischof, Director residente para América Central de la Agencia Oficial de Cooperación Suiza (Cosude), la cooperación en América Central se basa en un programa regional, y el énfasis lo están haciendo en los dos países más pobres.

“En Nicaragua y en Honduras tenemos programas bilaterales, además una cooperación regional en estos temas, que estamos trabajando en Honduras y Nicaragua”, manifestó Bischof.

Asimismo afirmó que en ese programa hay tres temas fundamentales: uno de ellos es el apoyo a la pequeña y mediana empresa, sobre todo en el área rural; el segundo, es el apoyo a la gobernabilidad local y las finanzas públicas; y el tercer eje, son servicios para el desarrollo local.

“Estamos en al área rural porque la mayor parte de la pobreza se concentra en el área rural; y un estudio que se está haciendo tanto en Nicaragua como Honduras, demuestra que la pobreza es casi dos veces más grande en el área rural que en la urbana”, aseveró el funcionario suizo.


Alta pobreza
En Nicaragua las cifras indican que a nivel nacional hay una incidencia de la pobreza del 45 por ciento en urbano, y a nivel rural del 67 por ciento.

Ésa es la razón por la cual la cooperación internacional, y especialmente la europea, y dentro de ella la suiza, se está concentrando en el área rural de los dos países centroamericanos, trabajando en los mismos temas, lo que permite aprovechar de los conocimientos y las experiencias tanto de Honduras como de Nicaragua.

“Creo que una lección muy importante en la parte productiva es que durante mucho tiempo hemos tratado de fomentar la producción, pero no se lograba que el campesinado progresara. Hoy además estamos poniendo énfasis en el procesamiento de la producción”, expresó Bischof, quien a la vez añadió que se está trabajando en toda la cadena, desde la producción hasta el mercado.

Bischof expresó que han visto que si solamente apoyan la producción, entonces no necesariamente se mejoran los ingresos; pero si apoyan en cada uno de los eslabones de la cadena, sí es más seguro que se beneficien los campesinos. Dijo además que se han realizado estudios para que los productos sean los que demanda el mercado.

“Muchas veces los campesinos estaban produciendo algo que el mercado no estaba demandando. Habíamos hecho énfasis en mejorar la productividad del maíz, del frijol, la papa, pero al final el beneficio para las familias campesinas era muy pobre”, afirmó, “por lo tanto era necesario darle valor agregado, y eso se logra cuando se atiende toda la cadena.


Cambio paulatino
El funcionario suizo expresó que más o menos hace tres años “comenzamos a hacer este cambio, lo que está dejando buenos resultados, tanto en Honduras como en Nicaragua. En Honduras la cooperación ha hecho énfasis en la producción de frutas, hortalizas, verduras, entre otras cosas; en Nicaragua se ha apoyado la producción de rosquillas, mejorando los rendimiento del maíz, de la leña, del queso y la eficiencia del horno”.

Por otra parte, añadió que están trabajando con un grupo de productores en Santa Lucía, Boaco, donde se está produciendo semilla de frijol, lo cual ya es darle valor agregado; a lo que se suma el hecho de que la gente está interesándose en conservar las tierras, en procesar los productos y obtener buenos rendimientos que permitan ingresos para reinvertir en la tierra.

Sobre la oportunidad que dan los precios internacionales y locales de los alimentos, destacó que eso no había sucedido en mucho tiempo.

Hoy está por primera vez constituyéndose en una oportunidad que se debe aprovechar, porque los productores en América Central saben producir granos básicos, y así poder salir de la pobreza.

Señala el funcionario que para incentivar la producción de los pequeños y medianos productores es importante la tecnología e infraestructura, y el sector público puede hacer inversiones importantes para el acceso a las zonas productivas, además del acceso a energía con precios favorables, como el caso de las renovables.

En todo esto es sumamente importante el acceso al financiamiento, que es una de las principales demandas del campesinado. “Creo que es importante que haya una buena conversación entre el sector público y el sector privado, a fin de que se puedan poner en marcha buenos programas”, concluyó Bischof.


Buenos precios deben llegar a los más pobres
En la parte tecnológica, Bischof sostiene que la preocupación es que con los buenos precios se podría extender más el área de cultivo, y lo importante es que no se extienda, sino que haya mayor rendimiento por área. Esto implica la mejor utilización de insumos, de un buen manejo integrado de plagas en grupos de campesinos, como los que trabajan con el Instituto Zamorano, de Honduras.

Por otro lado, en América Central se ha fomentado durante varios años el programa Pasolac, de manejo sostenible de agua y suelos en laderas, trabajando de manera correcta la tierra para que no se erosione. Dicho programa está dando óptimos resultados, “pero aún no hay un cambio positivo de tendencia en los productores a fin de elevar la productividad y cuidar los bosques”, destaca.

De hecho, en el resto de América Central el rendimiento por área es más alto que en Nicaragua. En Nicaragua hay un potencial para aumentar el rendimiento; aquí es de aproximadamente 13 quintales por manzana de frijol, por lo tanto, el país tiene un potencial muy grande para aumentar la productividad de insumos que son demandados por el mercado. Añadió que la pobreza se puede bajar con mayor inversión en desarrollo humano, lo que es una tarea básicamente del Estado, en infraestructura, educación, salud, que en los últimos años el Estado ha mejorado un poco con la cooperación internacional.

En 2002 el gasto social per cápita en Nicaragua fue de 77 dólares, y aumentó en los últimos cinco años a 105 dólares, lo que representa un aumentó de un 40 por ciento, debido a que se ha podido bajar el servicio de la deuda externa y a que se está recaudando más en impuestos.

En 2002 se recaudó en impuestos una cifra equivalente al 13.5 por ciento del producto interno bruto; ahora se está recaudando el 18 por ciento del producto. De hecho es un aumento del 4.5 por ciento, que significa unos 220 millones de dólares adicionales que tiene el Estado para el gasto público.

En ese sentido, se ha podido aumentar el gasto público en un 40 por ciento, pero en relación con América Latina aún está muy bajo, porque el promedio en América Latina es más de 600 dólares de gasto social per cápita, señala el señor Bishchof.