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El crecimiento de la población y el incremento del ingreso en los países desarrollados estimulan en el mundo un aumento masivo en la demanda de alimentos de origen animal, lo que está beneficiando a la ganadería nicaragüense, pero a la par presiona los precios internos y eleva el costo, tanto de la leche como de la carne.

Esa demanda de alimentación de miles de millones de personas podría, sin embargo, mejorar notablemente el bienestar de muchas personas pobres de las zonas rurales, al poder crearse más empleos y elevar los niveles tecnológicos de la ganadería.

Los ganaderos y la industria nacional de la carne, leche y sus derivados, con apoyo de políticas gubernamentales, está obligada a prepararse para aportar significativamente a la revolución alimentaria con políticas e inversiones a largo plazo que permitan atender la demanda de los consumidores, mejorar la nutrición, encauzar las oportunidades de aumento del ingreso hacia los más necesitados, señala el experto en el tema, doctor Ronald Blandón.

La producción de alimentos de origen animal aumentó más rápido donde se incrementó el consumo. La producción total de carne en los países en desarrollo aumentó 5.4% anual entre comienzos de los años ochenta y mediados de los noventa, más del quíntuple de los valores registrados en el mundo desarrollado
Según estudios realizados, el consumo de carne y leche en los países en desarrollo tendrá un crecimiento de entre 2.8 y 3.3% anual, respectivamente, a lo largo del período comprendido entre comienzos de los años noventa y el año 2020.

En el año 2020, según proyecciones internacionales, los países en desarrollo consumirán 100 millones de toneladas métricas de carne y 223 millones de toneladas métricas de leche más que en 1993.

El doctor Blandón señala que la demanda mundial alimentaria bien podría convertirse, para la ganadería nacional en la principal forma de alivio de la pobreza en los próximos 20 años, siempre y cuando se reduzcan los actuales subsidios generalizados para la producción, que aún persisten en los países desarrollados y que provocan un alto perjuicio al reducir esta importante oportunidad de generar suficientes ingresos y bienes para los pobres.

Los subsidios actuales en la producción ganadera en los países desarrollados, sigue desplazando a los pobres del único mercado en crecimiento en que tienen una posición competitiva en la actualidad.

Equilibrio entre ganadería y medio ambiente
Según nutricionistas consultados, los productos de origen animal también benefician a los pobres, al aliviar las carencias de proteína y micronutrientes predominantes en los países en desarrollo, y puede proporcionar a los pobres la misma cantidad de nutrientes, proteína y calorías que una gran cantidad de verduras y cereales de diversas clases.

Los producción ganadera nacional de cara a la demanda mundial alimentaria, además de aliviar la pobreza rural, tiene un importante aporte al medio ambiente, ya que prevalecen en nuestro país los sistemas mixtos de explotación agropecuaria, donde se logra un equilibrio adecuado entre la intensificación de los cultivos y de la cría de ganado.

En estos sistemas el ganado proporciona el estiércol y la fuerza de tracción necesarios para sostener una producción agrícola intensiva, a diferencia de las ganaderías intensivas de los países desarrollados, donde las mayores concentraciones de animales en zonas peri urbanas que se necesitan para atender la creciente demanda de carne y leche en las ciudades, han ocasionado degradación de las áreas de pastoreo y problemas de contaminación.

En los sistemas de alta intensidad de producción, las grandes cantidades de gases de invernadero y las concentraciones excesivas de nutrientes producidas por el ganado, constituyen peligros para el medio ambiente, señala Blandón.

Por otra parte, afirma que para que los ganaderos produzcan más y mejor, necesitan de políticas de gobierno que los acompañen de cara al aumento de la demanda alimentaria, y que garanticen el fortalecimiento de la cadena productiva.

En ese sentido señala que los pequeños y la mayoría de los medianos productores deben mantener un vínculo vertical con los fabricantes y comerciantes de sus productos por ser estos perecederos (carne, leche y sus derivados).

Para los pobres es difícil tener acceso a bienes productivos, como servicios de crédito, refrigeración e información.

En ese sentido, la integración de los pequeños productores de ganado y los grandes fabricantes combinaría los beneficios de la producción ganadera centrados en el alivio de la pobreza, la conservación ambiental y los beneficios para la salud humana, al tiempo que se facilita la incorporación de los pequeños agricultores a la producción comercial.

Añade Blandón que de tal manera se remedian los desajustes que fomentan las economías de escala artificiales, como los subsidios para crédito y el pastoreo en gran es
cala. El éxito en ese empeño exigirá un compromiso político y asociación de los sectores público y privado, prestando mucha más atención a la productividad del ganado y a los problemas de salud, incluso a la elaboración y comercialización después de la producción.

Es preciso, dice el ganadero, establecer mecanismos de reglamentación para abordar los problemas sanitarios y ambientales causados por la producción pecuaria, añadiendo que la tecnología que aborda los peligros para el medio ambiente y la salud pública no surtirá efecto, a menos que esté respaldada por un sistema que obligue a cumplir los reglamentos. Señala el doctor Blandón que esa evolución institucional ocurrirá cuando se hagan firmes exigencias políticas de mejor reglamentación, implementando por ejemplo el programa nacional de trazabilidad como política de gobierno,
debidamente normada para lograr que la misma represente la herramienta que garantizará la competitividad en los mercados ya existentes y los potenciales por posesionarnos.


El reto del sector
La ganadería nacional es, en opinión de los ganaderos, la actividad más importante del sector agropecuario de Nicaragua, no sólo por lo que representa en el Producto Interno Bruto sectorial y nacional, sino porque ayuda a solventar la demanda de alimentos de carne, leche y sus derivados de nuestra población y del mercado externo, gracias a las ventajas comparativas con que cuenta el país: abundancia de tierra y de recursos naturales aptos para la producción de forrajes y de ganado. Esas ventajas, añade Blandón, han sido erosionadas con las intervenciones (subsidios directos o indirectos) descomunales de los países desarrollados en favor de la producción de carne y de leche, los dos rubros con mayor apoyo directo a la producción en los países más desarrollados del planeta.

El nivel de subsidios que estos países le otorgan a sus productores es de aproximadamente US$ 1 billón por día, lo cual es más de seis veces lo que ellos invierten en ayuda a países en desarrollo, de acuerdo al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 2002).

Corresponde entonces, responder sumando esfuerzo para mejoras continuas y permanentes en los niveles de eficiencia y de competitividad en toda la cadena productiva de carne y leche, para que la actividad pecuaria siga siendo la repuesta de alivio de la pobreza rural, generadora de empleo y de divisas limpias para la economía nacional.