•   San Sebastián de Yalí, Jinotega, Nicaragua  |
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Si usted se topa con Cristhian Fernando Irías, en San Sebastián de Yalí, a cuatro horas de la capital, jamás imaginará que aparte de ser un estudiante él ya es un Gerente de Finanzas de una microempresita de café de sabores, ideada por él y siete estudiantes del Instituto “Rubén Darío”, de Yalí.

Irías  tiene 17 años, cursa quinto año, y acumula  un promedio de  99%, el más alto de su clase. Su mamá lo ha logrado mantener con la venta de tortillas y de enchiladas. El resto de sus compañeritos  de empresa también tienen padres esforzados: sus madres son amas de casas y sus padres agricultores.

Al igual que Irías, todos son sobresalientes y tienen entre 17 y 16 años. Su promedio además es superior a 90%. Aparte de eso cada una y cado uno tiene un cargo en sus hombros: desde la Gerencia General hasta la Gerencia de Calidad, Operaciones  y de Personal.   

Y aunque no tienen claro cómo harán para   estudiar en la universidad, de algo hablan con seguridad: de  comercializar  su café en Nicaragua.

Se trata de un grano mezclado con insumos locales, como canela, pimienta, cardamomo y cacao, es decir, de cuatro variedades, en presentaciones de una libra y a un precio que va desde los C$110 hasta los C$120.

Los chavalos coinciden  en que están conscientes  de que la tarea implicará sobreesfuerzos, porque aparte de formalizar su participación en el mercado tienen que disponer de tiempo y de dinero para el mercadeo.  
Sin embargo, concuerdan que están acostumbrados.  

Ana Julia Fornos  Zeledón, estudiante de quinto año y Gerente de Mercadotecnia en la empresita,  recuerda que cuando en mayo pasado crearon el producto, gracias a la clase de Orientación Técnica y Vocacional, OTV, que impulsan  Cuerpo de Paz y Cisa Exportadora en el Instituto, tuvieron que desvelarse y hacer tareas que nunca imaginaron.
Primero: encuestas de mercado
Anielka Zeledón Peralta, también en quinto año, y quien funge como  Gerente General,  ejemplifica que de entrada realizaron encuestas de mercado en Yalí para saber qué tipo de café prefería la gente, en qué presentaciones y a qué precio.   

La muestra incluyó a amas de casa y a jefes de hogar. “Todos adultos. Así nos enteramos de que optaban por el de sabores, que preferían adquirirlo por libra, y que estaban dispuestos apagar más de 100 córdobas. La encuesta nos tomó un día, y procesarla, varios”, rememora.

Tras eso comenzaron las visitas a las cinco  cooperativas de Yalí en busca de catadores de café para definir el tipo de grano con el cual trabajarían, y  aprender a realizar las mezclas de cara a obtener los sabores con canela, pimienta, cardamomo y cacao.

“Encontramos catadores en dos cooperativas, y ellos nos ayudaron a clasificar el grano. Comenzamos con 38 libras que compramos gestionando apoyo financiero en Cisa Exportadora, en la Alcaldía y en cooperativas  como  la 20 de Abril”, dice la estudiante Keyla Galeano, quien tiene a su cargo la Gerencia de Operaciones en el grupo.

Entonces vino la tarea “doméstica”: tostar el café con cada una de las especias.

Esa fue tarea de las cinco mujeres por ser más rápidas, mientras los varones empacaban en saquitos de yute y etiquetaban. Yeslin Rivera y Débora Cruz comentan que les tomó entre dos y cuatro horas hacerlo.

A algunas, como a Keyla Galeano, en esa labor se les quemaron las manos, y a otras, como a Ana Julia Fornos, las manos les dolían de tanto tostar.  

“Fue  complicado, pero una buena experiencia, porque nos permitió apreciar más ese oficio”, destaca Fornos.   
Anochecían y amanecían

Irías recuerda, por su parte,  que  les tocaba anochecer y amanecer.   

“Nos acostábamos a las 11 de la noche empacando y alistando las etiquetas, y lueguito nos levantábamos, a las tres de la mañana, porque la meta era tenerlo listo para ferias”, expone.

Ese objetivo era parte de la clase, según expone la profesora guía de la materia de Orientación Técnica y Vocacional, OTV,  Zayra Rivera.
 “Fueron muy esforzados, unidos, y sus padres y maestros los apoyaron, creo que por eso lograron no solo crear el café de sabores sino también darlo a conocer”,  indica.

La primera feria en la que participaron, tras la creación del café, fue en la Feria Municipal de Yalí, organizada por  Cuerpo de Paz. Esta conllevó una inversión de C$3,000, que los muchachos consiguieron por medio de patrocinio.   

“En esta conocieron nuestro producto y tuvimos el primer lugar con la innovación”,  mencionan los gerentes de Personal de la empresita,  Eliézer  Peralta y Marcos Valenzuela.

La segunda fue la Feria Municipal de Matagalpa, que implicó C$3,500, ya que promocionaron 40 libras del café descrito. Y en la tercera,  en la cual participaron,  comercializaron 50 libras. Esta la  organizó Amcham,  en días recientes en Managua.

“En ese evento participamos gracias a Cisa Exportadora, que en todo momento nos ha asistido. Cisa nos financió la participación, nosotros solo pusimos C$60 cada uno para completar la mezcla del producto”,  aclara Fornos.
Son un ejemplo
En eso ayudó en fondo del grupo, que nutren con la ganancia que les deja cada libra de café.   

“A cada libra le ganamos entre C$24 y C$34, y eso nos ha permitido  además tener una mejor presentación del producto: ya tenemos utensilios para la degustación gratuita, y ahora, claro, nos hace falta mejorar la etiqueta y los termos”, apunta  la Gerente General.

Aunque con lo que han logrado son el orgullo no solo de sus familias y de su Instituto, sino de toda la comunidad.  

“La gente nos dice que nunca imaginaron que de una clase normal, como la de OTV, Orientación Técnica y Vocacional,  lograríamos un salto tan grande: nuestro café de sabores. Pero con esa clase hemos entendido que con esfuerzo y perseverancia cualquier sueño es posible”,  apunta  Galeano, la gerente de Operaciones, tras recalcar que lo que ahora toca es inscribir de inmediato la empresita de café de sabores, la que ya denominan “Jadameck”, en honor  a los nombres de los ocho integrantes del grupo.  

La Directora del Instituto “Rubén Darío”, de Yalí, Verónica Zeledón Gómez, indica que por lo pronto las chavalas y chavalos  son un ejemplo a seguir.    

“Porque el resto ahora ve que con esfuerzo y en equipo se pueden conseguir cosas grandes. Ahora todos esperan con más entusiasmo la clase de OTV. Por otro lado, aprecian más los valores del  compañerismo, de la solidaridad y de la unidad”, recalca la Directora.

El representante de Cisa Exportadora en Yalí, José Ángel  Rizo, también cree que el “proyectito” es importante. “Es nuevo, y es una buena manera de dar a conocer el municipio. En adelante los estudiantes tienen que promover las ventas: comenzar el próximo año con unas 100 libras”, subraya.

Mientras tanto, la gerente de Responsabilidad Social Corporativa en Cisa Exportadora, Rosita Rivas, resalta que aparte de lo anterior, lo admirable es la “autogestión” y el empoderamiento del equipo.

“Lo lograron todo unidos  y gestionando recursos.  La idea del café saborizado ha sido muy buena. Tiene potencial. Como Cisa queremos promoverlo y apoyarlo, ya que la idea es que los estudiantes no abandonen el proyecto, queremos que  como grupo sigan impulsándolo”, puntualiza.

Voces Vitales con Voces del Norte
En el Instituto “Rubén Darío”, de Yalí, también hay otro programa especial: el que impulsa Voces Vitales con Cisa Exportadora, denominado Voces del Norte, en el marco del Programa Encontrando Tu Voz, enfocado en alumnas de tercero a quinto año, con un promedio académico  arriba de 80%.

La Directora Ejecutiva de Voces Vitales, Ana Zavala Hanón, explica que el objetivo es trabajar con las muchachas de  secundaria, para que logren adquirir algunas capacidades de liderazgo, emprendedurismo y de vocación de estudios, de manera “que regresen a sus  comunidades y puedan ser un efecto  multiplicador para las generaciones siguientes… incluso se les prepara de cara a la universidad, porque se les hace un test vocacional”,  sostiene.

A las jóvenes  “ también se les despierta intereses como la innovación y el trabajo en equipo, al punto que incluyen a alumnos en sus iniciativas de emprendedurismo, que son proyectos de cara al colegio y a la comunidad”,  refiere Zavala.

Voces del  Norte  trabajó con el Cua --con el Instituto “Rosa Montoya”--  aparte de  Jinotega, en Yalí, incluyendo a 70 estudiantes, en talleres que implicó casi dos meses  y una inversión de US$10,000. Ahora esperan extenderse a otros municipios.