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Samuel Antonio Díaz tiene 42 años, y ocho de ellos ha trabajado como vendedor de agua helada. Ese oficio  por día le deja ganancias de hasta 100 córdobas, pero desde hace dos meses se lanzó a las calles con un carrito de helados, con el que obtiene 150 córdobas más, dinero que utiliza para sustentar a su familia.

De sus siete hijos, los dos mayores --de 14 y 15 años-- desde hace un año también trabajan como vendedores ambulantes. El dinero que ganan lo utilizan para comprar ropa.

 

“Mis hijos decidieron trabajar para comprarse sus cosas, yo apenas les ayudo con la comida”, expresa este padre de familia que se hace acompañar de su hijo menor de tres años, quien sentado en  el carrito recorre las calles de las Américas I, II y III de Managua.

Díaz no tiene Seguro Social. Dice que cuando alguien de su familia se enferma acude a los hospitales públicos, donde a veces recibe el medicamento y a veces no. Cuando no hay medicinas, busca cómo curar a sus hijos con otras opciones: cocimientos o automedicarlos con pastillas que venden en las farmacias.

Este humilde trabajador sabe que cada día “la calle se pone más dura”, porque son más los trabajadores por cuenta propia que se las ingenian para obtener algún ingreso económico.

Empleos precarios y de baja calidad
Para el economista Adolfo Acevedo, los empleos de “baja productividad” y de “ingresos muy bajos”, que para su desempeño demandan “una fuerza de trabajo de muy baja calificación”, predominaron en 2010, una realidad que riñe con los datos más recientes del Instituto Nacional de Información, Inide, donde se destaca que en este año hubo un leve incremento de la población laboral, estimado hasta en 6.3% en relación con el mismo período de 2009.

“Se trata de empleos de muy baja productividad, que generan a quienes los desempeñan ingresos muy bajos, que los mantienen bajo el umbral de la pobreza”, sostiene Acevedo.

La encuesta del Inide señala que durante el último trimestre de 2010, correspondiente a octubre, noviembre y diciembre, la Población Económicamente Activa, PEA, sumó el 73.7% de la población nicaragüense, una breve mejoría si se compara con el período correspondiente a agosto, septiembre y octubre de 2009, cuando la PEA registró un 67,4% de la población que labora.

Pero Acevedo desmenuzó las otras gráficas del estudio, y destaca que en 2010, 713 mil 898 nicaragüenses se desempeñaron como trabajadores por cuenta propia, en “empleos precarios y de bajísima productividad”, en sectores económicas como “la agricultura y el comercio --incluyendo comiderías definidas aquí como ‘restaurantes’--, seguidos de los servicios informales y el empleo doméstico”.

La cifra supera al sector formal, que durante 2010 alcanzó los 577,273 nicaragüenses en diversas labores. La vulnerabilidad de los trabajadores por cuenta propia --advierte Acevedo-- no solo se traduce en la falta de Seguro Social y de otros beneficios de los que gozan los trabajadores del sector formal, sino a que “este tipo de bajos niveles de calificación absorbe a gran parte de niños, adolescentes y jóvenes, que han pasado la edad de asistir a la educación primaria y secundaria”.  “El nivel de educación de esta nueva fuerza de trabajo”, agrega en su análisis Acevedo, “no ha mostrado muchas mejoras. Al paso de los avances en términos de escolarización secundaria, tomaría al menos 23 años llegar a una etapa en la que al menos el 50% de la población activa tuviese un nivel de educación secundaria completa”.

Acevedo deduce que de seguir a este ritmo la creación de empleos en el país, en “25 años, el 13.5% de la población --casi un millón de personas-- tendrá más de 60 años, y “la mayor parte de las personas en edad de trabajar lo seguirá haciendo en empleos precarios e informales. En contrapartida, habrá cada vez mas adultos mayores, en condiciones en que solo el 20% de la fuerza de trabajo estará afiliada al Seguro Social”, concluye el economista.