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“Hemos descubierto al enemigo, y descubrimos que el enemigo somos nosotros mismos” atribuida al personaje de tiras cómicas Pogo, de Walt Kelly, en 1971, la cual ha venido usándose desde entonces en todos los ámbitos, especialmente, cuando desconocemos el efecto de nuestras propias acciones en los resultados que juzgamos desfavorables.

La complacencia, esa actitud tolerante de quien consiente excesivamente, -cuando aplicada a nosotros mismos-, es un generador principal de accidentes en el trabajo. Surge cuando sabemos que no estamos haciendo lo que debiéramos, pero que no lo hacemos por tener esa tolerancia amparada en el “siempre ha sido así”, “a mí no me va a pasar”, y todo un catálogo inagotable de excusas para no tomar acción.

¿Está usted “preocupado” por los atajos que toma el personal al realizar las tareas de alto riesgo?  La auto-complacencia puede racionalizar entonces que el personal es a) perezoso, b) idiota, c) intratable, d) un caso perdido.  Esta trampa mental solamente justifica una posición de señalamiento de culpa hacia otros.

Los líderes verdaderos asumen la responsabilidad personal por los resultados desfavorables y buscan la manera de corregir las desviaciones de los estándares operacionales para que no ocurra un accidente. 

Cuando una tarea está haciéndose en forma riesgosa, se debe preguntar: “¿Qué he hecho yo /o qué no he hecho para que este trabajo sea efectuado de esta manera?” Esto dará la respuesta en el 99% a situaciones para revisar los Sistemas Gerenciales. Liderazgo,

Análisis de Riesgo, Entrenamiento, Operaciones, Documentación, Supervisión, Fijación de Metas, Selección y Contratación de Terceras Partes, etc. 

Analizar los procesos de decisiones –u omisiones- que llevaron a un accidente es lo único positivo que puede rescatarse de su ocurrencia, pero lo más importante es no dejarse vencer por la auto-complacencia de tomar acciones hasta que la situación haya ocurrido. 

A reflexión
Las situaciones lamentables ocurren con frecuencia por un desconocimiento de las verdaderas capacidades del personal supervisor, y ante la ausencia de un proceso adecuado de formación y rendición de cuentas para ellos.

El “Factor Conveniencia” tiene implicaciones peligrosas cuando se trata de procesos productivos en empresas de alta confiabilidad operacional, en las cuales un accidente no puede permitirse.

Conviene entonces hacerse las preguntas cruciales:

¿Estamos modelando adecuadamente el comportamiento del personal en relación con la Seguridad?

¿Los gerentes dedican el tiempo para participar en las actividades importantes para la prevención de accidentes, o las consideran “actividades inferiores” o sin “glamour” alguno?

¿Estamos reconociendo los comportamientos correctos o privilegiando la rapidez en las operaciones –aunque en detrimento de la Seguridad?

¿Existe un ambiente de formación positiva o estamos manejando una “Policía de Seguridad”?
La próxima vez que ocurra un accidente, -antes de señalar las posibles causas-, veáse primero en el espejo, será conveniente para recordar entonces la frase célebre de Pogo.

Comentarios a: noalosaccidentes@gmail.com