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A Erick Ramos lo conocen como el “compactado” en los mercados. A inicios de los años 90 cerró  la empresa  para la cual laboraba. “Era de químicos y allí alcancé las 842 semanas como asegurado”, rememora.

Desde entonces no ha logrado colarse en el empleo formal del país y no goza de los beneficios que brinda el Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS.

“Si me enfermo, ni modo, tengo que  resolver por mi cuenta a pesar de que estuve en la formalidad durante 17 años”, destaca.

Él actualmente se ve como un “microempresario”, pues argumenta que  adquiere los productos en el mercado Oriental con sus propios centavos y luego los revende en la capital.  

¿Por qué no se formaliza?

Se le pregunta.   “Bueno es costoso y no me sale. En los días buenos vendo unos 300 córdobas, y de eso se me van en la casa entre 200 y 250 córdobas. Mire, me quedo solo con 50 córdobas para invertir y hay que pagar mucho para inscribirse, es lo que me han dicho”, justifica.

“La verdad, nadie ha pensado en eso (en formalizarse), no hay información sobre el tema, y como todo es dinero (en el país) pues nadie se anima. A los vendedores ambulantes ningún gobierno, en realidad,  los ha tomado en cuenta y las políticas económicas no ayudan”, indica Emilio Oporta, un bachiller con manejo de inglés, quien reitera que, entre otras cosas, es vendedor ambulante porque ve el quehacer como un reto.

Hay que regular actividad  pero…
El director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Nicaragua, Caconic, Eduardo Fonseca, confirma que no manejan cuántos  vendedores ambulantes hay en el territorio, ni cuántos se han formalizado.

“Es un asunto que no está en agenda porque son temas que al final se politizan.  Nosotros pensamos que sí debería regularse el sector pero poco a poco porque se tiene que revisar toda la pirámide, ya que hay vendedores ambulantes independientes y hay vendedores ambulantes que depende de otro vendedor más grande”, aclara.

“Ese último --añade--es el que debe pagar impuesto, es el que debe responder por el resto que trabaja para él, entonces es un tema que debe tratarse con sumo cuidado”.

El economista René Vallecillo propone al respecto que debería determinarse un plan “especial” para el segmento que impliquen menores tasas de impuestos.

“También se debería eliminar la burocracia, disminuir los trámites para formalizarse como micro y pequeño empresario  de forma tal que el premio de ser informal disminuya”, apunta sin entrar en detalles.

Sin embargo, para Ramos y Oporta eso está “a la muerte de un obispo”. Es decir lejos de verse “porque ni organizados estamos, y  nadie nos alza a ver a pesar de que nos ganamos el pan de cada día con dignidad”, concuerdan.