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Dentro de las iniciativas de seguridad empresarial, este es el enemigo número uno. Cuando existen situaciones que necesitan ser revertidas radicalmente, como los accidentes industriales, entonces, como por arte de magia, surgirán aquellas personas que estarán encargadas de boicotear desde dentro estas iniciativas de mejora.

Esa resistencia surge con una precisión aritmética y es necesario entender su causación. Cuando las personas se sienten afectadas por un cambio que los sacará de la llamada “zona de comodidad”, es cuando empiezan a surgir pegones, posposiciones, excusas, atrasos, etc., que no son más que el reflejo de la oposición velada –la mayoría de las veces- o abierta, -las menos-, de aquellos que no quieren cambiar, ya sea porque no pueden, no saben, o, en definitiva, no quieren cambiar.

Hay empresas que reiteran teniendo accidentes de la misma naturaleza, a veces en serie, y se cree que estos ocurren por obra de la “casualidad”.

Cuando el personal aprende el lenguaje de “la moda del mes”, que es producto de las iniciativas anteriores en que la gerencia perdió credibilidad al no haberlas impulsado enérgicamente, entonces los individuos saben que existe un límite de oposición, que al ser alcanzado, casi que con certeza la empresa cesará de perseguir los objetivos originales de la iniciativa. 

En algunas empresas, esta enfermedad hasta tiene un lema: “Somos buenos en hacer iniciativas, malos en darles seguimiento y pésimos en alcanzar los objetivos propuestos”. 

Es vital rendición de cuentas
Esa no es solamente una creencia invalidante, sino la muestra que existen personas que aunque ocupen el más alto nivel de dirección, no creen en los valores enunciados de la propia empresa. 

¿Parece contradictorio? No, puesto que es lo que ocurre en la realidad cuando no se cree en lo que se predica. 

Veamos un ejemplo, en una empresa que ha venido teniendo incidentes operacionales similares, se le empieza a poner atención a estos hasta que ocurre una situación irreversible, entonces, la alta dirección decide adoptar un programa radical de mejora. 

Ocurrirá entonces, que si la gerencia no entiende que esta debe predicar con el ejemplo, recompensando los comportamientos correctos, imponiendo con liderazgo y disciplina el proceso de cambio; la iniciativa fracasará, -no tanto por las naturales fuerzas opositoras internas-, sino, por la falta de liderazgo y modelamiento gerencial.

Si la gerencia está concentrada más en los resultados económicos –que son esencialmente importantes, pero no menos que la seguridad- entonces esta quedará relegada a un nivel subalterno, y el personal hará lo que la gerencia haga y no lo que esta dice que se haga.

Si no hay rendición de cuentas -con consecuencias positivas y negativas-, las iniciativas de mejora fracasarán rotundamente, ya que está probado infinitamente que los hechos son siempre más tercos que las palabras, y la credibilidad, -como otras cosas definitivas, se pierde solamente una vez.

Comentarios al email: noalosaccidentes@gmail.com