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Recientemente me conversaba un amigo sobre el siniestro en la planta de pinturas donde trabajaba en un país vecino.

Él quedó en el desempleo debido a la pérdida total de la fábrica, ya que esta no estaba asegurada, y aunque no hubo pérdidas humanas, sí hubo cuantiosos daños materiales que dejaron a más de doscientas cabezas de familia sin trabajo.

Era la cultura organizacional básicamente el reflejo de sus dueños --dos hermanos--, quienes al parecer disfrutaban de una manía “ahorrativa” tan compulsiva, que al final los llevó a la ruina total.

Si alguien se enfermaba, la instructiva estricta que tenía el médico de la empresa era recetarles bicarbonato de sodio; no importando la sintomatología o la dolencia, prescribía siempre lo mismo: “Tome bicarbonato con agua, un poco le curará esa molestia, entre más tome, mejor”.

La ausencia de un análisis de riesgos que pudiera mostrar la exposición verdadera que la planta enfrentaba, dio pie a obviar ciertos riesgos sobre el almacenamiento de materiales inflamables, los peligros del proceso de fabricación, los equipos en mal estado, el mantenimiento deficiente por los recortes presupuestarios, así como los actos y condiciones inseguras por doquier.

Nunca se invirtió en un programa de identificación y control de peligros, ni mucho menos en desarrollar un Plan de Respuesta ante la Emergencia, pues según las firmes creencias de los propietarios, “nadie va a permitir una catástrofe, porque aquí todos se sienten dueños”.

Sin plan definido

El accidente fue por la mañana, cuando un fuego de origen aún no claro --pero al parecer, por almacenar materiales mutuamente reactivos, en forma inadecuada-- se expandió sin control en un abrir y cerrar de ojos, arrasando en minutos la bodega de suministros, la de almacenamiento de producto terminado, y extendiéndose a la nave principal de producción y oficinas.

No existían brigadas de emergencia, ni tampoco responsabilidades específicas definidas por persona, no había salidas de emergencia marcadas adecuadamente, alarmas, y menos un sentido de propósito, pues para la organización entera, este tipo de eventualidad no estaba en su horizonte de sucesos.

Los vehículos del personal, de la empresa y clientes se parqueaban en el primer lugar donde encontraban e invariablemente de frente, por lo que el retroceso para salir era inevitable, lo cual provocó ese día un caos de proporciones épicas.

Lo único que pudo verse en medio del humo y de la anarquía, fue a los dos hermanos dando instrucciones a viva voz a los montacarguistas para que pudieran sacar en peso sus dos vehículos de lujo en medio del congestionamiento causado por los demás vehículos, que sin llaves a la mano, no podían salir del parqueo, ya que el fuego arrasó de primero el lugar donde estaban depositadas las llaves de los camiones distribuidores, y estos en la vorágine fueron considerados propiedad de nadie, obstaculizando el paso y salida a los demás vehículos de empleados, clientes y personal.

¿Tiene usted desarrollado su plan de respuesta ante la emergencia?

Comentarios al email noalosaccidentes@gmail.com Twitter: @carflom