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La principal función de las instituciones financieras es servir de intermediarias entre ahorrantes, personas con exceso de liquidez y pobres oportunidades de inversión, y prestatarios; es decir, personas con necesidades de liquidez y eventualmente mejores oportunidades de inversión.

Los ahorrantes colocan sus recursos líquidos o depósitos en una institución financiera, con la expectativa o motivación de que en el futuro esta les devuelva dichos recursos más los intereses devengados.

Los recursos de los ahorrantes, depósitos, constituyen un pasivo para la institución, y por los mismos la entidad se compromete a pagar a los ahorrantes una tasa de interés pasiva, ojalá, competitiva.

Esta tasa de interés pasiva constituye para el ahorrante el mejor costo de oportunidad de sus recursos.

La organización a la vez utiliza estos recursos para conceder créditos a distintos prestatarios, con la expectativa de que en el futuro estos le devuelvan los recursos más los intereses correspondientes por el tiempo en que los tomen en calidad de préstamo.

Estos préstamos otorgados por la institución financiera son un activo para esta, y por ellos la institución cobra una tasa de interés activa.

Por definición, para que una institución financiera sea rentable y sostenible en el largo plazo, la tasa de interés activa tiene que ser mayor que la tasa de interés pasiva, de tal manera que la institución obtenga un margen financiero (la diferencia entre la tasa de interés activa y pasiva), positivo que le permita primero, cubrir sus costos fijos, y luego, generar utilidades.

Uso de las utilidades

Las utilidades pueden ser utilizadas para repartir dividendos y/o reinvertirlas en la institución para financiar el crecimiento de la misma.

Mediante el cumplimiento de esta importante función de intermediación financiera estas instituciones contribuyen al desarrollo económico de los países, al permitir una asignación más eficiente de los recursos, de lugares donde eventualmente se encuentran ociosos a lugares donde tienen un mejor uso productivo.

Mediante esta función ahorrantes, prestatarios y la sociedad en general se ven beneficiados: los ahorrantes al recibir un rendimiento apropiado por sus recursos, y los prestatarios al recibir en calidad de préstamo recursos que les permiten emprender sus actividades productivas que de otra manera se desperdiciarían.

Finalmente, la sociedad se ve beneficiada al mejorarse la productividad de los recursos disponibles a través de una mayor eficiencia en su asignación, y al incrementarse los flujos de ahorro e inversión con los cuales se generan más fuentes trabajo e ingreso, con el consecuente bienestar económico para el país.

La efectividad de una institución financiera en términos de intermediación financiera se puede medir, entre otros, por medio de los siguientes indicadores: el índice de apalancamiento (pasivos/activos), el índice de depósitos/pasivos, el número de cuentas de depósito, y el número de cuentas de crédito.

Una institución que destaca a nivel latinoamericano por su efectividad en términos de intermediación financiera es Banrural, S.A., en Guatemala, con los siguientes indicadores a diciembre de 2011: apalancamiento: 87.56% (excelente intermediación financiera con excelente solidez, el Sistema Bancario Guatemalteco, SBG, cuenta con un índice de apalancamiento de 90.65%); depósitos sobre pasivos: 93.27% (SBG: 83.79%); número de cuentas de depósito: 4,622,240 (38.52% del total de cuentas de ahorro en el SBG), y número de préstamos: 586,254.