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Actualmente es la empresa de chocolatería nacional con mayor presencia y distribución en el país cuyo sabor ha sido mundialmente conocido, aunque sus exportaciones no alcanzan ni el 5% de su producción.

La marca Chocolate Momotombo nació en la cocina de su fundador Carlos José Mann, quien hace ocho años comenzó a “cocinar en pailas” el exquisito sabor del cacao. Hoy día la empresa procesa entre diez y quince quintales de cacao mensuales, y factura un promedio de diez a quince mil dólares.

“Mi propósito es hacer un chocolate de alta calidad para los nicaragüenses, porque tenemos una cultura y una historia del cacao que hemos desperdiciado”, explica Mann.

La particularidad de estos chocolates y bombones es que son elaborados artesanalmente, conservando la esencia autóctona del cacao desde el principio.

Para lograrlo su fundador advierte que han tenido que adecuar la maquinaria de manufactura nacional evitando la industrialización del proceso para la elaboración del producto.

“Vendemos calidad y pureza, el mínimo de nuestro chocolate es con un concentrado de 40% de cacao y el más alto es de 70%. Otros productos del chocolate apenas alcanzan el 14% de cacao que lo combinan con azúcar y leche y al final nos ofrecen un caramelo”, sostiene Mann.

Una muestra al mundo

Hoy día, los bombones y chocolates en diferentes empaques y sabores están presentes en 24 tiendas de supermercados y negocios independientes distribuidos en los departamentos de Managua, Granada, León y San Juan del Sur.

La cadena de distribución de Momotombo incluye dos tiendas en el Aeropuerto Internacional Augusto César Sandino, que funcionan como una especie de ventana al mundo para su comercialización.

“Nuestras cajas de chocolates han llegado literalmente a casi todo el mundo; han llegado a Suramérica, Asia, Europa, a todos lados; incluso, en una ocasión para la Cumbre de presidentes latinoamericanos el Gobierno compró y regaló chocolates a todo el mundo. Chávez, Morales, y todos los presidentes centroamericanos conocen el chocolate Momotombo”, manifiesta orgulloso Mann.

Asimismo, periódicamente la empresa envía chocolate a dos tiendas especializadas, una en New York, y otra en Brooklyn.

La calidad y pureza de los chocolates Momotombo, del que se enorgullece su fundador, les valió tres premios internacionales: Premios para Chocolate Momotombo en el Salón de Chocolate de Lujo Otoñal 2010, Premios para Chocolate Momotombo en el Salón Internacional de San Francisco 2011, Best Chocolatiers and Confectioners in America: Excellence Awar.

Rescatando recetas

Mann sostiene que Nicaragua tiene suficiente potencial para que surjan más “chocolaterías”, lo que a su vez permitirá impulsar una nueva industria artesanal con valor agregado a la semilla de cacao.

Considera que existe un riesgo de que se introduzca una semilla genéticamente mejorada en los cultivos del cacao, y amenaza las oportunidades que tiene el productor con la semilla criolla cuyo valor alcanza hasta diez veces más cuando se ofrece a las chocolaterías a nivel mundial por la excelencia de su calidad.

“Conservar la semilla criolla preserva el sabor tradicional. Al vender un cacao criollo a las chocolaterías finas del mundo me pueden pagar de tres a diez veces más por su valor que si vendo un cacao de semilla transgénica por la que me podrían pagar hasta US150 por quintal”, comentó.

Reproducir el modelo

Este empresario ha decidido compartir la fórmula de su éxito capacitando a muchas artesanas de cooperativas de cacao que ya fabrican chocolates y ha contribuido al surgimiento de pequeñas fábricas artesanales de chocolate en el país, sobre todo en Río San Juan, Matagalpa y Siuna.

Su lógica de revelar los secretos “culinarios” de su empresa es desarrollar toda una cadena de fábricas de chocolate de alta calidad, capaz de atraer a turistas de todo el mundo con exigente paladar e interesados en conocer los procesos de producción de cada cooperativa o empresa en las fincas del país donde se cultive el cacao.

“Necesitamos un montón de chocolaterías artesanales para que compitamos, se eleve la calidad y traer choco-turismo. Si de repente aquí hay fabricas instaladas, el turista querrá brincar de chocolatera en chocolatera como pasa en Suecia y México”, comenta.

El empresario asegura que personalmente ofrece cursos de cómo elaborar un buen chocolate y ha visto como humildes artesanas de zonas rurales como Rosita aprenden a vivir de la actividad.

“Yo les enseño para que no sean estafadas por personas que no saben nada, en Rosita conozco a unas señoras que venden hasta 20 mil unidades de chocolates a un córdoba, pero viven de eso”, comentó.

Investiga las recetas

Mann personalmente se ha encargado en los últimos siete años de investigar y rescatar recetas de los alimentos a base de cacao, herencia indígena que se ha perdido a través de la historia en el país.

Los hallazgos que ha hecho le han permitido manejar datos como que el mejor cacao del mundo lo tiene Venezuela, pero con una semilla que es 50% de origen nicaragüense.

“Sí logramos que los nicaragüenses consuman chocolate de calidad, podremos hacer que los productores de cacao busquen esa calidad en sus semillas. Aquí tenemos la genética de la semilla criolla pero está dispersa, se dice que Venezuela tiene el mejor cacao del mundo pero ya reconocieron que el 50% de la genética de su semilla es nicaragüense”, comenta Mann.

Según Mann, en sus investigaciones encontró que en los años 1850 el “chocolate caliente” en Nicaragua era la bebida tradicional en las haciendas del país donde se cultivaba la semilla.

Posteriormente, fue sustituido por la llegada del café, y después de las guerras y crisis en el país se perdió la cultura del consumo y el cultivo; sin embargo, cree que se conserva el 50% de esa cultura en los hogares nicaragüenses donde se consume pinolillo y otras bebidas que llevan como base el cacao.

Industria incipiente

La industria del chocolate en Nicaragua es aún incipiente, y aunque comenzó hace muchos años como un aspecto meramente artesanal, ha dado sus primeros pasos hacia la formalidad, con la aparición de dos o tres empresas productoras, comentó Roberto Solórzano, miembro de la Cámara de Industrias de Nicaragua, Cadín. Sin embargo, aún no logra tener incidencia en las estadísticas de producción industriales ni en las exportaciones, aclaró.

“Tiene un mercado potencial extraordinario, el problema es que tenemos materia prima de gran calidad y no somos capaces de transformarla para obtener un producto terminando y reconocido a nivel internacional”, dijo Solórzano.

Para Solórzano hay dos maneras de promover la industria de chocolate: asumiendo los costos de investigación y desarrollo del proyecto a nivel local, o buscando inversionistas debidamente establecidos que produzcan chocolate en el país con materia prima nacional.

“Sinceramente no creo que tengamos el capital propio, ya que no solo es el desarrollo del producto sino apertura de nuevos mercados, aunque la otra vía viable es asociarnos y exportar ese producto señalando nuestros componentes”, opinó.

Exportaciones de Cacao

2.6 millones de dólares en 2009.

3.1 millones de dólares en 2010.

2.1 millones en 2011.


 

 

Colaboración Seydi Castillo