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Los pronósticos del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, Ineter, apuntan a que el fenómeno meteorológico El Niño podría instalarse en Nicaragua entre julio y septiembre de este año y que se extendería por un período de seis meses, provocando un aumento en las temperaturas y un déficit de lluvias, indicó Martha Castillo, meteoróloga del Ineter.

Sin embargo, la especialista del Ineter señaló que esto no significa que no existan lluvias esporádicas. “Actualmente estamos en el período canicular --el cual termina el 15 de agosto-- y ya se observa un déficit de precipitaciones”, dijo Castillo.

En lo que va del año, las zonas Sur y Centro del Pacífico presentaron índices negativos de precipitación, mientras en el norte del país las precipitaciones fueron menores. En cambio, las lluvias se han presentado principalmente en Atlántico Sur.

“La fuerza con que vendrá el fenómeno (El Niño) no puede predecirse. Podría surgir el efecto del paso de una onda tropical, una vaguada o un área de baja presión, los que ayuden a aplacar la situación, pero serán muy aislados y pueden presentarse en cualquier momento. Lo relevante será el calor, especialmente en el Occidente, el Pacífico y Centro del país”, dijo la meteoróloga.

Castillo puso de ejemplo las altas temperaturas, más allá del nivel promedio, registradas durante el recién fin de semana. En Occidente, 36 grados centígrados; en Managua, de 32 a 34 grados centígrados; en el Centro del país, de 31 a 33 grados grados; en la RAAS, de 29 a 31 y, en la RAAN, de 30 a 32 grados centígrados.

De acuerdo con el Boletín del Ineter, No. 101, “Seguimiento al fenómeno El Niño, oscilación del Sur”, estadísticamente se prevé hasta el momento que su nivel más alto persistirá en los meses de septiembre, octubre y noviembre, para comenzar la baja en enero 2013.

La experiencia en 2009-2010

Según el estudio de la organización Acción contra el Hambre, titulado “Situación alimentaria y nutricional en el Corredor Seco de Centroamérica”, en 2009, último año de registro, el fenómeno El Niño produjo pérdidas en los cultivos de maíz, frijol y sorgo, lo que comprometió la situación alimentaria y nutricional de las familias pobres de la zona, principalmente en Totogalpa.

Otras zonas golpeadas fueron Yalagüina y Telpaneca, del departamento de Madriz; Macuelizo, de Nueva Segovia, y San Juan de Limay, de Estelí.

En ese entonces, el Ministerio Agropecuario y Forestal, Magfor, reportó que la sequía inició en el primer semestre de 2009 y terminó en mayo del 2010, indicando, además, que se registraron pérdidas entre el 30 al 50 por ciento en la producción de granos básicos.

El Niño, según el reporte oficial, también redujo la producción pesquera, por las altas temperaturas del océano, las fuentes de agua y de pastos para ganado; provocó incendios forestales que aumentaron las enfermedades respiratorias, se incrementaron los costos de los alimentos e incluso contribuyó a la migración de campesinos hacia las ciudades, en busca de trabajo.

Hor, el corredor se prepara para el impacto

De presentarse este año el fenómeno El Niño, el impacto de la hambruna no sería tan fuerte para al menos 5,000 agricultores en algunas de las zonas del país, quienes se benefician del proyecto “Corredor Seco Centroamericano”, CSCA, que promueve buenas prácticas productivas para enfrentar este tipo de emergencias.

Sigrid Meijer, coordinadora regional del proyecto CSCA, destacó que este año comenzaron a impulsar acciones a nivel regional, dado que los fenómenos climatológicos como El Niño o La Niña se registran por períodos y cada país debe estar preparado todo el tiempo.

“Estamos trabajando en cuatro microcuentas del CSCA --que abarca el Este de Guatemala, el Norte de Nicaragua y el Centro-Sur de Honduras-- beneficiando a 20 mil agricultores”, expresó Meijer.

En nuestro país la acción se centra en 5,000 agricultores, originarios de nueve comunidades de Totogalpa, la zona más afectada por El Niño en el 2009.

“Establecimos buenas prácticas de productividad, utilizando semilla mejorada, el cuido de fuentes de agua y estableciendo reservas en frijol, maíz y otros granos básicos. Esto se hace para contribuir a elevar sus capacidades de producción aún en condiciones climáticas extremas y sostener la seguridad alimentaria”, explicó la coordinadora regional del proyecto.

Destacó que la semana pasada realizaron una reunión con los agricultores y líderes comunales de la microcuenca de Quebrada Larga, en Totogalpa, para la formulación de planes de contingencia.

“Estamos en comunicación con el Ministerio Agropecuario y Forestal, así también con las municipalidades, para analizar los posibles riesgos en el sector agrario y las acciones a tomar, para reducir cualquier afectación”, concluyó Meijer.

El Niño: cada vez más impredecible

El fenómeno climático El Niño es cíclico, sin embargo con el cambio climático se ha vuelto menos predecible, más constante y más difícil de prever la fuerza con que se aproxima, explicó Martha Castillo, meteoróloga del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, Ineter.

Explicó que El Niño se repite entre períodos de cuatro a cinco años y se produce con el calentamiento de los océanos, por el desplazamiento de las mareas del Hemisferio Norte al Hemisferio Sur, siempre dentro de la zona intertropical.

Así, la combinación de temperaturas cálidas en el Atlántico y frías en el Pacífico, no permite la formación de tormentas. Esto crea cambios significativos de las condiciones climáticas y oceanográficas que afectan a casi todo el planeta y se manifiestan con mayor intensidad en el litoral del Pacífico Sur.

Para conocer la proximidad de este fenómeno, la experta recomendó estar evaluando periódicamente la temperatura en las corrientes oceánicas.