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Noemí Herrera Pérez y Darling Elizabeth Burgo González llevan dos años trabajando la agricultura en la comarca Río Arriba, de donde son originarias, al igual que lo hacen otras jóvenes.

Llegan a sus parcelas, que son parte del departamento de Madriz, bien vestidas y con algo de retoque cosmético para conservarse bonitas, aunque después las ensucie la tierra.

Ellas han cambiado el concepto que dicta que la mujer es solo para realizar oficios domésticos, mientras los hombres están destinados para el rudo trabajo del campo.

Lo han demostrado en las parcelas que sus padres les han asignado para el cultivo de maíz, frijol y sorgo.

Herrera y Burgo, sin embargo, han agregado a esos granos hortalizas y tubérculos, que han mejorado la dieta alimenticia en la familia. Aparte de eso, aplican abonos y plaguicidas naturales que ellas mismas elaboran.

Eso es parte de lo que han aprendido en dos años en el curso técnico “Gestión Integrada y Ecológica de Finca, Gief”, que impulsa Proga-Jóvenes, con el auspicio del Organismo No Gubernamental Solidaridad, Unión y Cooperación, Suco.

El curso, que contempla tres años, cuenta con el financiamiento de la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional.

También tiene como contrapartes al Instituto Nacional Tecnológico, Inatec; y al Instituto de Promoción Humana, Inprhu.

El aprendizaje

Jolyane Berubé, coordinadora del equipo politécnico, explica que Proga-Jóvenes es un programa de mejoramiento de la producción agrícola del sector productivo en la región de Las Segovias.

En el proyecto decidieron enfocarse más en los jóvenes, “suponiendo que son más abiertos a los cambios. Ellos pueden traer poco a poco a sus padres nuevas prácticas e ideas”, argumenta.

Añade que también buscan aportar a un nuevo pensum de estudio que se pueda implementar a futuro en la agroecología nacional.

El programa, que incluye a hombres y a mujeres jóvenes, contempla 12 horas de clases teórico-práctico, dos veces por semana.

Para el aprendizaje los instructores ocupan casas comunales o bien corredores de algunas viviendas que prestan los productores de la zona, quienes también facilitan una parcela en cada comunidad para la experimentación de cultivos con fines pedagógicos.

Al grupo de estudiantes les imparten temas sobre abonos orgánicos, ecología, manejo de cultivos, preparación y conservación de suelos, diversificación de cultivos, seguridad alimentaria y equidad de género.

En un futuro inmediato, sin embargo, aprenderán técnicas de transformación de alimentos.

En Madriz y Nnueva Segovia

José Ramón Joya, agrónomo y facilitador del programa, dice que después los jóvenes aplican lo aprendido en las parcelas que sus respectivas familias les han asignado.

Allí entra la ayuda de sus padres y demás hermanos, quienes se convierten en un círculo de apoyo.

Por ahora, Proga-Jóvenes tiene cuatro equipos de trabajo en la región norte: dos en Madriz, específicamente en comarcas de Somoto; y dos en Nueva Segovia, en las zonas de Jalapa y Estelí.

Cuenta con tres coordinadores de Inatec y uno del Inprhu. Ellos atienden a 500 jóvenes, de los cuales, la mitad son mujeres.

En Madriz, el programa beneficia a 115 jóvenes en las comarcas de Río Arriba y la Plazuela en el municipio de Palacagüina; y Santo Domingo y El Rodeo en Telpaneca.

Claudia Stuart, técnica facilitadora de Proga-Jóvenes, precisa que el requisito básico para estudiar el curso es solamente saber leer y escribir, aunque hay varios jóvenes que cursaron la primaria, otros estudian secundaria y algunos ya están en la universidad.

Menciona, sin embargo, que la incorporación de las jóvenes no fue tan fácil, debido a los patrones tradicionales de las familias que tienen bien marcado el rol de hombre y de la mujer. Pero gracias a los diagnósticos de género eso va cambiando poco a poco, según dice.

“En la medida que se capacitan se reduce la brecha de la desigualdad. Los hombres comienzan a involucrarse más en las actividades del hogar, mientras las muchachas, cada día tienen más seguridad y mayor conocimiento del trabajo en el campo”, señala.

“A mi papá le parece bien el curso. Ahora reconoce que no solo los hombres pueden trabajar en el agro, que las mujeres también lo podemos hacer (porque) ha sido una costumbre (en la familia) no dejarme ir a trabajar a las parcelas, así nos han criado y nos han educado… ”, refiere Noemí Herrera Pérez, quien ahora ve con entusiasmo su futuro en el campo.

Propician el respeto

Darwin José Medina González, integrante del curso técnico que desarrolla Proga-Jóvenes, admite que al inicio cuando miraban a las muchachas laborando en las parcelas, les parecía “un chiste”.

“Ahora veo que son capaces. Hemos comparado quién trabaja más, y nos hemos convencido de que es la mujer”, reconoce dejando entrever que con el nuevo aprendizaje hay más respeto hacia la labor femenina en el área rural.