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La matanza total de ganado en Nicaragua presentó un notable crecimiento entre 2009 y 2011, al pasar de 664 mil cabezas a 914 mil, pero el peso promedio de cada res fue de 369.8 kilogramos. La calidad de esos animales podría mejorar con un proceso de tecnificación en ese sector y una inversión mínima de US$10.7 millones, según lo plantea el Programa de Reconversión Competitiva de la Ganadería Bovina y expertos en el tema.

Armando Barberena Mongrío, propietario de la hacienda El Corpus, en el departamento de Chontales, explicó a El Nuevo Diario que en Nicaragua se observa un marcado deterioro en la calidad genética de hembras reproductoras y sementales, por la falta de programas de selección y cruzamiento.

Según datos del Ministerio Agropecuario y Forestal, Magfor, la implementación de un subprograma de mejoramiento genético que incluya al menos 50 mil reses, en cuatro años podría tener un costo de US$700 mil.

A ese monto deben sumársele otros US$6 millones para desarrollo de servicios tecnológicos y US$4 millones para el mejoramiento de los sistemas de trazabilidad, asegura el programa gubernamental.

Ganado adaptado al medio ambiente

Barberena estudió Agronomía y Zootecnia, y tiene una especialización en Reproducción Animal. El 100% de su finca la dedica a la producción de ganado de la raza pardo suizo, una de las más antiguas.

El experto es de la idea que en el departamento de Chontales no es recomendable producir ganado de leche pura, por la humedad de la zona, lo que generaría costos más altos para el mantenimiento de las reses.

“Mi trabajo está enfocado en reproducir ganado que se adapte al medio ambiente en que vivimos, a los pastos que tenemos”, indicó.

Las vacas criollas en Nicaragua se ubican en un rango de peso que oscila entre los 400 y 500 kilos, pero las que cría Barberena en su finca fácilmente sobrepasan los 600 kilos.

Esas vacas producen terneros reproductores de sementales, que a sus siete meses llegan a pesar 300 kilos.

Diversificarse

“El país necesita ganaderos que diversifiquen sus líneas de carne y leche, para poder tener diversidad de razas y poder mezclar y sacar carnes de calidad, animales más precoces a la hora de llevar a la matanza y dar el salto a la calidad”, añadió Barberena.

Para Barberena, la trazabilidad es importante y el ganadero debe estar inmerso en este proceso y manejar, sobre todo, los controles requeridos.

Avelino Martínez, veterinario y propietario de la Ganadería Quinta Lidya, ubicada en Cuapa, departamento de Chontales, a 25 kilómetros de Juigalpa, comparte con Barberena que la producción debe diversificarse.

“Con la genética mejoramos las características morfológicas y los grados de producción, pues un animal bien conformado va a producir más que uno que no lo está”, dijo Martínez, especializado en la crianza de animales reproductores genéticamente mejorados, en específico del tipo brahman rojo y brahman gris.

En este sentido, Martínez recomendó seleccionar prototipos de los animales, condiciones y ambiente para desarrollarlos.

A juicio de Martínez, Nicaragua en genética bovina se encuentra compitiendo con Guatemala, Costa Rica y Panamá, que son fuertes a nivel centroamericano.

Sin embargo recalcó que “un problema tiene el nicaragüense y es que no tecnifica su ganadería.

Y cuando hablo de tecnificación es que los programas de inseminación no han llegado al campo, los productores no conocen cuáles son las ventajas de inseminar”.

“Los productores no están acostumbrados a llevar control de los partos de sus vacas, además, si implementaran procesos de trazabilidad se darían cuenta de las ventajas que deja llevar un orden en su ganadería”, agregó.

Hay esfuerzos de trazabilidad

En el país se realizan esfuerzos por revertir la situación de muchos pequeños ganaderos que no tienen acceso a las nuevas tecnologías, en este sentido la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua, Apen, arrancó en enero de este año con el proyecto “Expansión de los servicios de trazabilidad de carne”, Trazarnic, que beneficiará a 330 pequeños productores.

Ese proyecto cuenta con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Multilateral de Inversiones, BID-Fomin, con un financiamiento de US$374 mil, de los cuales Apen aporta el 40 por ciento.

Leonardo García, encargado del proyecto, señaló que a través de un software especializado, durante 24 meses se promoverá la participación en el mercado internacional de pequeños productores de carne en Boaco, Chontales, Matagalpa y Río San Juan.

“Pretendemos establecer mecanismos de gestión de información para trazabilidad, que el productor tenga acceso a los movimientos en su finca, gestione información productiva, y pueda identificar el ganado en la finca”, concluyó.