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Vimos cómo se perdió una vida en un establecimiento recreativo a causa de las circunstancias subestándares de seguridad, aunada a la deficiencia o inexistencia de sistemas preventivos y de emergencia que fallaron olímpicamente, dando lugar a la muerte de este valioso joven, promesa de su familia y de nuestro país.

Una situación de este tipo debe hacer reflexionar al comercio en sí, a los servicios de seguridad contratados, a los dueños de centros comerciales donde estos establecimientos operan, y principalmente, a la Policía Nacional, puesto que es un incidente que deja en claro la necesidad urgentísima de una coordinación y supervisión obligatoria de estos establecimientos, en términos de la promesa de seguridad efectuada al público que concurre confiado a esos lugares de esparcimiento.

En otros países, e.g. Honduras, El Salvador y Guatemala, se toman prevenciones más alla de lo confortable para garantizar la seguridad mínima al público.

Se efectúan obligatoriamente, no solamente detecciones electrónicas para evitar que se ingresen armas y otro tipo de artefactos, sino que los cacheos o revisiones manuales al público que ingresa, son también una norma forzosa e inapelable.

Aquí no hay un sentido de rigurosidad y consistencia para aplicar escrupulosamente estas medidas; primero, por el hecho que se imponen increíblemente argumentos comerciales sobre aspectos básicos de seguridad, e.g. que se atrasa el ingreso de los clientes al establecimiento; segundo, omisiones debido al acceso de personas dizque “VIP”, sobre las cuales el mismo personal de seguridad omite hacer las revisiones para no ser reprendidos por sus supervisores.

Nada más importante que realizar una aplicación consistente de las rutinas preventivas de seguridad, y hacer valer el derecho de admisión en forma efectiva.

En otros países, algunos establecimientos tienen prohibición expresa de acceso a personas que han estado involucradas en situaciones de violencia, lo cual es perfectamente una causal válida y preventiva.

Estos establecimientos deben desarrollar verdaderos procedimientos operativos sobre qué hacer en determinadas situaciones para que se evite un hecho como el ocurrido, así como tener un Plan de Emergencia por escrito y ensayarlo rigurosamente, incluyendo la realización de reuniones semanales sobre seguridad para discutir resultados.

La capacitación continua de su personal debe ser también un requisito auditado por las autoridades.

Estos negocios deben invertir en seguridad, y saber que esa responsabilidad con el público es ineludible y permanente.

Hay empresas que tienen policías de línea –a los cuales se debe remunerar puesto que es un servicio necesario por las eventualidades del giro comercial del propio establecimiento-- como elementos disuasivos ante situaciones límite que deban ser neutralizadas.

El peregrino argumento que tu personal de seguridad no es héroe, es acomodaticio e irresponsable, además de ofensivo, puesto que se señala maliciosamente lo obvio.

Lo que hay que verificar es la efectividad de las medidas preventivas en vigencia en el sitio y ver las causas raíces de por qué no funcionaron, y determinar las responsabilidades del caso.

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