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Nicaragua es el país de Centroamérica con el mayor nivel de ineficiencia en el uso de la energía, y mantiene un precio de la electricidad por encima del promedio de la región. Para cambiar esa situación, necesita invertir 40 millones de dólares en los próximos diez años, para ahorrar un 10 por ciento en materia energética, revela un informe del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

El informe, dado a conocer en la conferencia “Eficiencia energética y competitividad”, celebrada en Sao Paulo, Brasil, por el presidente del BID, Luis Alberto Moreno, enfatiza en que Latinoamérica debe reducir la ineficiencia en el uso de energía eléctrica, para bajar los altos costos de la misma.

La propuesta plantea estimaciones, para cada país, del costo de lograr una reducción del 10 por ciento en el consumo de electricidad para el año 2018. También examina el impacto de una situación hipotética en la cual los países no mejoren su eficiencia energética, y deban satisfacer el crecimiento en la demanda de electricidad por medio de la construcción de nuevas turbinas de gas.

Para el caso de Nicaragua, el informe señala la alta dependencia de los derivados del petróleo para la generación de energía, con más del 60 por ciento, lo que impacta en los costos de la electricidad.

Añade que los 40 millones de dólares que Nicaragua debe invertir, deben destinarse a mejorar la eficiencia en lámparas y motores.

El BID señala que la productividad en América Latina es uniformemente baja, porque se sigue usando lámparas incandescentes para gran parte de la iluminación, a pesar de que consumen 70 por ciento más energía que las nuevas fluorescentes compactas.

Asimismo, las fábricas de la región y los sistemas de agua usan millones de viejos motores y bombas eléctricas que desperdician energía. En muchos países la infraestructura de transporte --que consume más del 30 por ciento de la energía de la región-- es sumamente ineficiente.

Añade que los edificios comerciales y residenciales están llenos de sistemas de aire acondicionado anticuados, y de refrigeradores, máquinas de lavandería y calentadores de agua de baja eficiencia.

“Si Nicaragua mejorara su eficiencia energética en un 10 por ciento en el curso de los próximos 10 años, ahorraría el equivalente a 340 GWh (Gigavatios hora) de electricidad por año en 2018”, dice el documento.

Inversión podría ser mayor
Sin embargo, el estudio indica que si la demanda de energía en Nicaragua continúa creciendo a un ritmo anticipado de 3.5 por ciento anual, y el país no mejora su eficiencia energética, se necesitará construir el equivalente a una turbina de gas de ciclo abierto de 250 megavatios para generar los mismos 340 gigavatios hora de electricidad.

“En base a los precios actuales, costaría aproximadamente 127 millones de dólares sólo en la construcción de estas plantas, sin contar los costos operacionales y de combustible. Dicho de otra forma, Nicaragua tiene dos alternativas para generar 340 gigavatios hora de electricidad en 2018: una cuesta 40 millones de dólares, y la otra 127 millones de dólares”, explica el documento.

Según el informe, los países de América Latina y el Caribe tendrían que invertir aproximadamente 17 mil millones de dólares en lámparas fluorescentes compactas, motores eficientes y otras medidas para lograr una reducción total del 10 por ciento en el consumo de electricidad en el año 2018. Ese ahorro sería equivalente a unos 143 mil gigavatios hora.

El documento del BID señala que el índice de Intensidad Energética de Nicaragua es 3.89; el más alto que el promedio de Centroamérica, ocupando el lugar 20 de 24 en América Latina; mientras Uruguay, el más eficiente, tiene 0.82.

La Intensidad Energética es la relación entre el consumo de energía y el Producto Interno Bruto (PIB), y representa la cantidad de energía consumida en la obtención de una unidad de PIB.

Apuntando a la experiencia de países industrializados que han abastecido hasta la mitad del crecimiento en su demanda energética por medio de la eficiencia en las últimas dos décadas, el informe concluye que la eficiencia podría ser la mayor fuente de energía no explotada de América Latina, una fuente que cuesta mucho menos que la producción de energía adicional.