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La roya es una enfermedad que afecta los cafetales y es causada por el hongo Hemileia vastatrix (Berck & Br). La enfermedad se manifiesta en plantaciones sombreadas y con exceso de humedad, o en cafetales desnutridos expuestos a pleno sol.

El principal daño que causa la enfermedad es la caída de las hojas que puede llevar a las plantas hasta su muerte.

En noviembre de 1976, hace 36 años, se encontró por primera vez la roya en Nicaragua. Fue reportada por el ingeniero agrónomo Jaime Solórzano en la finca Santa Elisa, propiedad de Guillermo Arévalo, de 25 manzanas y ubicada en Jinotepe, Carazo. La variedad del café infestada era Caturra.

En 1976, la mayor parte del café se producía en Carazo, con una producción de 300 mil a 380 mil quintales oro. Los plantíos estaban sembrados a una altitud de 500 metros sobre el nivel del mar en promedio.

El ambiente era agradable porque estaba controlado por un inmenso bosque que hacía el sistema cafetalero verdaderamente sostenible.

Este ecosistema sostenía a la gran biodiversidad de la zona, en donde se encontraban inmensos árboles de Cedro, Caoba, Guanacaste, Laurel, Cítricos y musáceas de todas las variedades.

Los viejos de la zona todavía recuerdan que los guanacastales eran la casa de las grandes manadas de monos Congo y el refugio de las bandadas de aves de todo tipo, pero en especial los chichiltotes y guardabarrancos, que con sus trinos ambientaban el lugar.

Para esa época se sembraban en Carazo entre 25 mil y 28 mil manzanas (En la actualidad hay 6,000), sin incluir los cafetales de El Crucero, Managua.

Los cafetales de esa época eran sembrados en latifundios pertenecientes a familias representativas del sector café como los González, Baltodano, Pellas, Chamorro, Rappaccioli, Rosales, Román, Arévalo, Robleto, Lacayo, Vaughan, Gutiérrez, Montenegro, Sánchez, y Gallo entre otros. 

Las variedades de moda eran la Típica, Borbón y Caturra. Los rendimientos eran en promedio de 12-15  quintales oro por manzana (el promedio actual es de 4 a 5 quintales oro por manzana).

Ante el anuncio y confirmación de la existencia de roya en Nicaragua, el Ministerio de Agricultura y Ganadería de ese tiempo inmediatamente declaró una emergencia fitosanitaria, y empleó los instrumentos legales disponibles, ejecutó el Programa de Erradicación de la Roya del Café. 

Este programa se implementó en el periodo comprendido entre enero de 1977 y junio de 1979, con asesores de la GTZ, de  Alemania y Oirsa.

Técnicamente la estrategia para combatir la enfermedad fue la cuarentena para aislar la enfermedad, el rastreo y combate a los focos de infección, la educación de la población sobre la gravedad de la roya, y la necesidad de contribución de todos en su combate.

La cuarentena se empleó instalando puestos de control en la salida de las zonas infestadas manteniendo el control de vehículos y peatones, a los que se aplicaban productos químicos para evitar la dispersión de las esporas.

Estos puestos eran manejados por personal calificado, y la población contribuyó con el programa decididamente.

El rastreo o monitoreo de la enfermedad se realizaba de forma visual por personal entrenado, finca a finca, surco a surco y planta a planta en los municipios de las zonas cafetaleras del Pacífico: Masaya, Carazo, Granada y Managua.

El personal empleado para realizar este rastreo fue de 4 mil personas, los cuales tenían un nivel académico de bachiller, maestro de primaria, obreros del campo y de la ciudad que supieran leer y escribir correctamente, incluyendo también a los productores de café.

En los casos donde se reportaban focos de roya ingresaban las Brigadas de combate, que eran grupos especiales equipados con bombas de mochila de motor, que aplicaban el tratamiento para eliminar los focos de roya, acompañado de aplicaciones de fungicidas sistémicos  en un radio de 10-12 varas.

Además del trabajo en la zona cafetalera del Pacífico, se realizaba un rastreo periférico en la zona cafetalera del Norte del país.

La metodología empleada para realizar este trabajo, consistía en que se tomaban fincas al azar en cualquier comunidad cafetalera y se hacía el monitoreo de los plantíos para identificar las plantas con roya.

Los equipos de rastreo periférico estaban conformados por ingenieros y técnicos agrónomos, los que se movilizaban en las zonas cafetaleras del Norte.

El Plan Conarca

En 1979, con la Revolución, el programa de la roya (impulsado por los Somoza) no se detuvo y el Gobierno de Reconstrucción Nacional convirtió el programa anterior en un Programa de Renovación de Cafetales, conocido como Conarca.

Este nuevo programa se planteó un cambio de estrategia en la erradicación de la roya hacia la convivencia con la enfermedad, para lo cual se propuso la destrucción de cafetales infestados y la introducción masiva de café de la variedad Caturra, por su arquitectura, en un área de 14 mil  manzanas.

La estrategia consistía en cambiar la ecología de la zona para que la roya no pudiera prosperar. Conarca se recuerda por la destrucción del bosque de La Meseta de los Pueblos, por su director Wachan González, y por ser el responsable del ecocidio más flagrante de nuestro país.

Conarca se ejecutó en 1980, y solamente duro dos años, pero los efectos perduran hasta nuestros tiempos.

Después de 36 años de convivencia con la roya, en septiembre de este año ha sido reportada en la zona Norte del país con un carácter masivo, dado que se encuentra en la mayor parte de los municipios cafetaleros.

Se responsabiliza de este fenómeno a dos causas: el cambio climático que ha alterado los patrones de lluvia, temperatura y humedad relativa; y la falta de inversión en prácticas adecuadas de manejo nutricional de más de 30,000 pequeñas fincas de cinco manzanas o menos.

Otra causa que requiere de respaldo científico, es una posible mutación de la raza de roya existente en el país.

La presencia de la enfermedad presenta riesgos sobresalientes, y las perspectivas de pérdidas económicas para los cafetaleros del Norte es grande.

De acuerdo con las leyes e institucionalidad del país, le corresponde al Magfor, específicamente a la Dirección de Sanidad Vegetal atender esta emergencia. Lamentablemente el Magfor no ha presentado un estudio epidemiológico que permita registrar los daños actuales y las estimaciones cuando finalice esta cosecha ciclo 2012-2013, lo cual tendrá un fuerte impacto sobre los futuros ciclos.

La situación de la roya requiere una atención inmediata, debido a que por efectos de mantener la calidad del café no es posible aplicar cualquier tipo de químico en las plantaciones.

Por otro lado, el inicio de la cosecha representa la movilización de cortadores en los plantíos que eventualmente dispersarán la enfermedad de los plantíos contaminados a los cafetales sanos.

Es noticia

36 años después, la misma roya de 1976 vuelve a ser noticia nacional.

 

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