•   Ocotal, Nueva Segovia, Nicaragua  |
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Las enfermedades que sufren las plantaciones de café en la Jumuyca, como la roya y la antracnosis, y que han obligado al corte de los árboles secos y con un corazón de color negruzco, han sumido en la desesperación a las familias que viven de las actividades cafetaleras.

La propuesta técnica de la “recepación” (corte del tronco verde para impulsar un rebrote vegetativo), ha sido descartada en la zona y los productores piden crédito para renovar sus cafetales.

El riesgo es que los productores decidan utilizar sus tierras para sembrar granos y abandonen por completo la caficultura, advirtieron los expertos.

La difícil situación se repite en miles de propiedades cafetaleras en Nueva Segovia y en otras zonas de la región norte del país.

Algunos productores, cuestionados por el mal manejo y por la falta de nutrición en las plantaciones, han argumentado que otros de sus colegas, que han asistido mejor los cafetales, también sufren daños. Los especialistas sostienen que en Nicaragua existen unos 43,000 productores de café, de los que el 90% son pequeños productores.

El grano es uno de los principales productos de exportación y el año pasado generó ingresos por encima de los US$500 millones, según cifras oficiales.

En Managua, organizaciones de cafetaleros han dicho que se requieren al menos US$167 millones para renovar las plantaciones, que han sido atacadas por la roya y la antracnosis, que en el ciclo 2012 – 2013 podrían provocar la pérdida de hasta 400,000 quintales del grano, de los 2 millones que se proyecta producir.

“No queda otra alternativa que la renovación total de las plantaciones, ya no funciona el recepo”, señaló Leonel López, con el 90% de su finca de 40 manzanas en varillal seco.

Los pequeños productores afectados por el desastre económico no quieren abandonar su tradición cafilcultora, herencia de sus antepasados. Ahora andan desesperados buscando semilla para instalar sus viveros y recuperar lo perdido, con esperanzas de que dentro de tres años volverá la bonanza que en antaño disfrutaron.

Lo que queda

En las áreas afectadas por la roya y la antracnosis, solamente han quedado pequeñas “burritas”, como le llaman a puñados de plantas verdes y ya nutridas de perfumadas flores blancas, que parecen burlarse de la peste. Es la variedad Catimor y Lempira, última llegada de Honduras, pero que es pariente de la primera.

Según los técnicos y expertos, esas variedades son más resistentes al ataque de la roya, pero no contribuyen a la calidad de la taza, como lo hacen los arábigos que han dado, en algunos años, el café de excelencia.

Los expertos, sin embargo, consideran esas variedades como “una alternativa” ante la crisis.

Sobre los costos de renovación de una manzana de café, no hay unanimidad entre los productores.

“Con todas las de ley, (renovar) una manzana anda por los US$5,000”, dijo López, una cifra que coincide con la brindada por Zalatiel Zavala, caficultor de Dipilto y Jalapa.

Las cuentas

Zavala dijo que para estar libre de las enfermedades del café, asumiendo que un buen manejo y nutrición de las plantas las hace más resistentes, deberá invertirse por manzana y anualmente más de US$1,000.

López estimó que solamente en la aplicación de fungicidas para el control de la roya se requieren como mínimo US$300.

“Pero para volver a la caficultura y evitar un desastre económico y social, urge que el Gobierno entregue un bono de US$2,000 por productor de una a dos manzanas. Con eso haríamos el esfuerzo de hacer los viveros para ir poco a poco recuperando lo perdido”, añadió López.

En el caso de los propietarios de más de 5 manzanas, propuso un programa de crédito a largo plazo y sugirió que el Gobierno dialogue con la banca nacional para encontrar una salida al pago de las deudas y otorguen nuevos créditos, pero atendiendo la nueva realidad.

Plan de urgencia

Los caficultores demandaron la urgente implementación de un programa de renovación cafetalera, “antes que los productores, desesperados por la crisis económica, manden a botar los bosques (sombra del café) para dedicarse a la siembra de granos básicos o cultivo de pastos para ganado, que sería lo más grave”, dijo Leonel López, dirigente departamental de la Unión Nacional de Agricultores y Ganaderos.

En muchos cafetales como los de Jumuyca, en el municipio El Jícaro, los machetes ya suenan en las montañas que tumban miles de arbolitos secos, con el ánimo de ver el futuro: café u otro rubro que ayude a la subsistencia económica de caficultores desesperados.

El crédito

Productores del municipio de El Jícaro y otros sectores segovianos creen que para restablecer una manzana se requieren US$3,500 y ellos aportarían la mano de obra.