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En España se realizó recientemente un estudio cuyas conclusiones vienen a reiterar aspectos medulares en la labor de prevención de accidentes de trabajo.

Como resultado, sus autoridades incrementaron dramáticamente el número de cursos formativos hasta un número de 60 para consolidar la cultura de la prevención entre los trabajadores, empresas y entes relacionados.

La capacitación ofrecida por las autoridades es gratuita, y viene a ser un paliativo en un área que desde el punto de vista económico, tiene costos que la misma España no puede seguir sufragando ante una crisis que no termina de ceder en sus efectos más perniciosos.

La parte importante de esta estrategia está en su respaldo científico sobre los costos que se evitan al adoptar la prevención como la primera naturaleza de conducta.

Según el estudio, el accidente de trabajo típico tiene un costo 30 veces mayor al de la medida preventiva que lo hubiera evitado, y 47 veces más cuando el accidente es grave, muy grave o mortal.

Estas proporciones están alineadas con las señaladas por OSHA, en lo que respecta a los costos de accidentes, remarcando que detrás de cada dólar que se gasta visiblemente en un accidente laboral, hay entre 10 y 25 dólares –a veces infinitamente más- que no se ven, pero que efectivamente salen de las utilidades como costos indirectos, sin contar con otros efectos perversos.

Otra estadística fiable en dicho estudio sobre 2012 es la distribución por sector, en la cual 47% aconteció en el sector servicios; 34% en la industria, 11% en la construcción y el 8% en la agricultura.

Aunque en estas dos últimas áreas el porcentaje es menor, la tasa de fatalidades es mucho mayor que en los otros, por lo cual, se han elaborado esquemas específicos de capacitación.

Este ejemplo puede orientarnos sobre la importancia de la capacitación correcta y oportuna como un valor preventivo.

Las empresas deben entender que un imperativo de negocios universal es crear y mantener un ambiente de trabajo seguro, además de ser la inversión probada de más alta rentabilidad.

El estudio realizado en España deja bien claro que invertir en la Seguridad Ocupacional es también la mejor medida de creación de valor en una empresa.

Algunas de muy amplia visión, fijan el Plan de capacitación anual de acuerdo con sus necesidades reales, prospectadas a través de encuestas al personal sobre las áreas de mayor exposición.

Además, es imprescindible revisar si alguno de los accidentes ocurridos tiene como factor básico una inadecuada capacitación, no solamente en el personal colaborador, sino especialmente en la supervisión, e incluso, en gerencias de alto nivel.

Otras empresas menos proactivas fijan sus capacitaciones solamente tomando como base sus fondos del 2%. Este enfoque reactivo provoca irremediablemente que muchas veces se tenga que aceptar las consecuencias de un accidente como un hecho inevitable, pero debe entenderse que es simplemente una expresión más de una filosofía errada sin lugar para una prevención efectiva.


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