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El auge exportador que se ha venido logrando, se ve comprometido por la crisis que atraviesa el principal rubro de exportación, por lo que APEN está convocando a sus socios del sector cafetalero: grandes, medianos y pequeños productores, cooperativas y gremios que enfrentan la difícil situación por la roya y otras enfermedades en sus cafetales.

El objetivo es reflexionar con el asesoramiento de expertos, sobre las mejores acciones que en estas circunstancias se puedan tomar para controlar y evitar que se sigan expandiendo al resto de los cafetales.

Ya es tiempo de hablar y comprometerse con una nueva cultura productiva para evitar que se destruya el principal acervo producto-exportador del país. Hay que tomar acción para no poner en peligro la sostenibilidad del Norte, donde se cultiva el grano de mejor calidad de Nicaragua.

Es difícil creer que nuestras exportaciones que superaron los US$2,700 millones y donde el café fue el principal rubro en esas ventas se vean limitadas.

Este problema también rebasa nuestras fronteras evidenciando la importancia de una mayor vigilancia transfronteriza y la aplicación rigurosa de medidas fitosanitarias para proteger las plantaciones y evitar la transmisión de enfermedades entre países, ya que el intercambio de bienes en un mundo globalizado se convierte en vector que hay que saber controlar.

Mundialmente el café se coloca como el segundo rubro exportador después del petróleo. Los principales consumidores son Estados Unidos y Japón, mientras que los principales productores del mundo son: Brasil, Vietnam, Colombia, India, Indonesia, Honduras, Guatemala, Etiopia, Perú y Uganda.

Centroamérica representa el 17% de la producción mundial, por lo que la afectación actual amerita atención de emergencia agrícola para solicitar apoyo urgente a organizaciones internacionales como la FAO, IICA, Oirsa, OIC, Banco Mundial, BID y otras agencias especializadas para emprender acciones en cada país que logren controlar la situación, y evitar el deterioro de la imagen y daño a la reputación del grano centroamericano, que además pone en juego la seguridad alimentaria de la región, tomando en cuenta la sensibilidad social del café.

En Nicaragua, el café históricamente ha sido el producto tradicional de mayor impacto social, económico y político por tocar a un gran número de diferentes actores a lo largo de la cadena de valor. A la fecha es el mayor generador de divisas. Jinotega es el departamento de mayor producción que conjuntamente con Matagalpa concentran el 75%.

En Nicaragua tendría que analizarse el costo/beneficio de la opción de “aprender a vivir con la roya” versus la renovación de las plantaciones, tomando en cuenta que Nicaragua no es un gran productor como Brasil que puede compensar con volúmenes la reducción del precio por el daño que produce la roya.

Esto viene a ser un campanazo más que para el sector, para todo el país, porque la productividad es una deuda que no puede seguir esperando. El sector cafetalero necesita sacudirse en todo sentido: no se puede continuar con rendimientos de 11 quintales por manzana, hay que renovar las plantas que son muy viejas, algunas tienen hasta ocho centímetros de diámetro.

Actualmente el procesamiento es el mínimo, y consiste solamente en el beneficiado para exportarlo como un commodity y lo más irónico que los principales municipios productores de café sean los de más pobreza.