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La cadena de valor es una herramienta importante de la planificación estratégica utilizada en el análisis del entorno, en especial para evaluar a la empresa desde adentro con sus recursos, capacidades, fortalezas y desafíos, en la búsqueda de oportunidades.

La cadena de valor describe las diversas actividades que esta realiza en su proceso productivo y de comercialización. Permite además conocer los costos de cada actividad hacia la ventaja competitiva, con vistas a ofrecer mayor valor a los clientes.

Esta herramienta es fundamental, en especial para las empresas exportadoras expuestas a la competencia internacional y a los altos estándares y regulaciones. Es necesaria sobre todo para las productoras de alimentos que enfrentan nuevos desafíos asociados a las exigencias de los mercados y deben cumplir con registros de procesos, certificación en Buenas Prácticas Agrícolas, Buenas Prácticas de Manufactura, HACCP, GlobalGAP; regulaciones como límites máximos de residuos químicos; etiquetado; reglas de origen, entre otros.

Las actividades de la cadena de valor, según nos dice Thompson, Peteraf, Gamble y Strickland, en su libro “Administración Estratégica”, se agrupan en dos categorías: las primarias, que apuntan a crear valor para los clientes: manejo de la cadena de abastecimiento (materias primas, insumos, partes, costos de producción); operaciones, distribución, ventas, mercadeo y servicios y las de soporte, que facilitan y mejoran el trabajo de las actividades primarias, en donde encontramos investigación y desarrollo, tecnología y desarrollo de sistemas; capital humano y la gestión administrativa.

Para que esta herramienta cumpla su propósito, las actividades no deben verse de forma aislada, sino como parte de un proceso que busca agregar valor a favor del consumidor, una tarea difícil pero clave para el diseño de estrategia.

El enfoque de la cadena de valor se utiliza también con fines de asociatividad entre representantes de un mismo sector o rubro, en el que participan productores, acopiadores, procesadores, proveedores de insumos y exportadores, incluidos organismos de apoyo que respaldan y soportan el trabajo.

Estas personas se organizan por iniciativa propia bajo un liderazgo, se reúnen e identifican áreas de acción de interés común, definen objetivos, entre los que están la gestión de recursos ante la cooperación, la negociación con proveedores y compradores y la incidencia en las políticas públicas.

En APEN funcionan bajo la figura de Comisiones Sectoriales las que trabajan con enfoque de cadena de valor hacia la exportación y buscan la gobernabilidad e incidencia del sector.

En la actualidad se cuenta con Comisiones Sectoriales de frijol, raíces y tubérculos, hortalizas y arte a mano. Esta última, está conformada por diseñadores de vestuario, carteras, bisutería y accesorios.

Se han recibido solicitudes para conformar otras comisiones como la de café y reactivar la Comisión de Tecnología de la Información y Comunicación, con enfoque más orientado al desarrollo de software.

Las Comisiones Sectoriales de APEN son espacios abiertos a socios y no socios, que se reúnen para identificar sus áreas de interés de trabajo conjunto, definen los objetivos estratégicos, elaboran un plan de actividades, nombran su junta directiva y aprueban su reglamento operativo.

Entre sus objetivos está el promover la competitividad de los sectores, la diversificación, la calidad y el incremento de la producción y comercialización de productos, al igual que velar por los intereses de sus miembros.

Este trabajo ha dado como resultado, la elaboración de propuestas de normas y procedimientos, la organización de foros y talleres sobre la situación de los rubros que las conforman, capacitación a productores en temas de poscosecha y estandarización de calidad; la representatividad en espacios convocados por el gobierno u organismos; negociación de precios de compra-venta; estrategias conjuntas frente a compradores internacionales y la formulación de proyectos, entre otros.

Las comisiones a su vez trabajan por la inclusión social al propiciar que actores de la cadena, generalmente de pequeñas, medianas empresas y cooperativas se inserten en el mercado y logren más incidencia en las decisiones de su sector.

Con ello se promueve la reducción de la pobreza y el crecimiento económico, objetivo compartido con el Gobierno y la cooperación, que desde varios proyectos promueven las cadenas de valor.